¡Corrige con sabiduría!

dc.contributor.authorFundación Amén Cominicaciones
dc.date.accessioned2023-10-14T01:41:07Z
dc.date.available2023-10-14T01:41:07Z
dc.date.issued2023-09-10
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Hablemos del evangelio que nos ocupa en esta ocasión y al que se refiere Mateo en el capítulo 18. Reconocemos que en verdad es un arte corregir y corregir bien. Cuántas veces en la vida, de alguna forma, por una persona que nos habló de manera oportuna, evitamos haber tomado un mal camino: no renunciamos a un buen empleo, a un buen trabajo, seguimos luchando por la relación matrimonial y familiar; hoy cómo tenemos que mirar agradecidos aquellas buenas mujeres y hombres que nos aconsejaron, que nos corrigieron en el mejor de los sentidos. Y es que como decimos corregir es un arte, es un don de Dios y es un aprendizaje de todos los días. La dinámica del evangelio nos habla de una corrección en tres dimensiones. La primera, el tú a tú de manera personal, la segunda, con dos o tres testigos de por medio, y la tercera, frente a toda una comunidad, buscando que enderezcamos el rumbo de nuestra existencia. Hoy te propongo algunas reglas de oro que debemos de pedir cada día como una verdadera gracia a Dios para saber corregir los papás a sus hijos, los maestros a sus alumnos, los sacerdotes a sus fieles, los gobernantes a sus ciudadanos, los buenos amigos, los hermanos mayores a otros amigos o hermanos menores. Te propongo pues, estas reglas de oro para corregir a los demás. La primera, ¡corrige con humildad! Esto implica corregir con mansedumbre, corregir con respeto, saber que la persona, tu hijo, un subalterno, un alumno, un feligrés, a quien corriges, es tierra sagrada. Reconoce que por más que seas papá, profesor, jefe de otra persona, no te la sabes todas, no tienes derecho al momento de corregir a otra persona, de humillarla, de hacerlo en primera instancia públicamente, no, hazlo en privado, esto es corregir con humildad. Pero hay una segunda regla de oro y es ¡corregir con paciencia! A veces quisiéramos encontrar resultados de la corrección de manera inmediata. A veces te falta paciencia con ese niño, con esa adolescente, con ese subalterno en la empresa que pareciera no entiende tu mensaje, no aprende la lección. Reconoce que cada persona es distinta, que tiene un ritmo diferente, que, en medio de caídas, de levantarse, de correcciones, al final terminamos aprendiendo lecciones para la vida. Recuerda que la paciencia siempre mira la corrección en el tiempo de Dios que es perfecto y no en nuestro tiempo humano, donde normalmente somos muy impacientes. Recuerda que el Señor te ha corregido en la vida pacientemente, por años ha esperado la conversión de tu corazón, por qué ahora no puedes corregir pacientemente ese hijo, ese cónyuge, ese subalterno, ese amigo, ese hermano que te está encomendado. En una tercera regla de oro, reconozcamos que estamos llamados a ¡corregir con misericordia, a corregir con amor, a corregir compasivamente! Recuerda que, si encuentras pecado en aquella persona que te llena de rabia, también en ti hay pecado y Dios te ha corregido compasivamente. Nunca corrijas con rabia, vas a corregir de una manera desacertada; cuando hay demasiado dolor en el corazón, hay una carga de resentimiento, hay una carga de rabia interior y generarás en la persona supuestamente corregida el efecto contrario que pretendías alcanzar. Corregir compasivamente es comprender la historia, la genética, el ambiente, la estructura psicológica de ese hijo, de ese hermano, de ese cónyuge, de esa persona que dices querer corregir. En una cuarta regla de oro, aprendamos a ¡corregir con sabiduría! Recuerda que todos los seres humanos somos diferentes como los dedos de una misma mano, recuerda que en la pedagogía de Dios a veces se afloja, a veces se aprieta. Hay que aprender en la vida a entender que el nivel de exigencia es distinto según la persona sobre la cual se quiera aplicar una corrección. Siempre habrá tiempo, a veces para apretar, pero hay también tiempo para soltar, habrá tiempos para tensionar, habrá tiempos también para descansar. Es una sabiduría que nos viene del Espíritu Santo y que nos lleva a nosotros a buscar la oportunidad y la hora de corregir. No tiene sentido que si tu hijo, tu cónyuge, llega con licor en la cabeza a las tres de la madrugada, enciendas a cantaleta con regaños, con reprensiones a esa persona, déjala descansar, déjala dormir, busca la hora y el momento oportuno y créeme que tu corrección será más eficaz y más sabia que si lo haces movido por un momento de inoportunidad. En una quinta regla de oro, te invito a que ¡corrijas sin cansarte!, recuerda que el amor comprende todo, perdona todo, lo acepta todo, tenemos que dar la batalla en ese acompañamiento a los hijos, a los alumnos, a los subalternos, por más que no encontremos estímulos o respuestas que nos muestren que la persona quiere cambiar, ese corregir sin cansarnos de alguna manera nos implica a nosotros darnos un estímulo permanente en la vida y saber que es una tarea del amor fundamental, la corrección, que a veces exige, que a veces deja volar. En una sexta y penúltima regla de oro, hay que ¡corregir siempre con el ejemplo de la propia vida, corregir con el testimonio! porque las palabras vuelan, pero solo el ejemplo arrastra. Corregir siendo esperanza para otros, corregir siendo luz y guía que muestre el camino, que nunca te diga tu hijo, ¿usted papá cómo me habla de respetar cuando usted no respeta a mi mamá?, ¿usted cómo me habla de ir a la misa los domingos cuando usted no va a la misa dominical? Primero tenemos que hablar con la propia vida antes que hablar con las meras palabras que repito se las lleva el viento. Concluyamos esta reflexión con una séptima y última regla de oro de aquel que corrige, ¡hazlo siempre confiándote solo en Dios! Recuerda que cuando corriges no le hablas, no trabajas con una máquina, hablas, trabajas, exhortas a un ser humano. Recuerda que el misterio humano trasciende muchas veces nuestra comprensión y que, en el momento de la corrección, la obra es de Dios, que la oración confiada en Dios lo puede todo, lo alcanza todo, y que cuando vayas a corregir pide en primer lugar luz para ti mismo, para que seas instrumento dócil en las manos de Dios y así puedas alcanzar los buenos resultados que esperas obtener con la corrección de ese hijo, de ese ser querido. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día domingo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 18, 15-20 Primera lectura del día de hoy Ezequiel 33,7-9: Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre. Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.» Salmo del día de hoy Salmo 95/ 94,1-2.6-7.8-9: Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis vuestro corazón». Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» Segunda lectura del día de hoy Romanos 13, 8-10: Amar es cumplir la ley entera. Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.» Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera. Evangelio del día de hoy Del Evangelio según San Mateo 18, 15-20: Si te hace caso, has salvado a tu hermano. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectCorrección fraterna
dc.subjectHumildad
dc.subjectMisericordia
dc.subjectPaciencia
dc.subjectPerseverancia
dc.subjectSabiduría
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Corrige con sabiduría!
dc.title.alternativeComunicación

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