¡Sean valientes en el Señor!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 5, 1-20
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: de la carta a los Hebreos 11, 32-40
Hermanos: ¿Para qué seguir? No me da tiempo de referir la historia de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; estos, por medio de la fe, subyugaron reinos, practicaron la justicia, obtuvieron promesas, amordazaron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, derrotaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus difuntos. Pero otros fueron tundidos a golpes y rehusaron el rescate, para obtener una resurrección mejor; otros pasaron por la prueba de la flagelación ignominiosa, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los serraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados; el mundo no era digno de ellos: vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido; Dios tenía preparado algo mejor para nosotros, para que no llegaran sin nosotros a la perfección.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo del día de Hoy:
Salmo 31(30), 20. 21. 22. 23. 24
Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor.
Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a Ti se acogen
a la vista de todos.
Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor.
En el asilo de tu Presencia los escondes de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras.
Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor.
Bendito el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada.
Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor.
Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»;
pero Tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba. Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor.
Amen al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces.
Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor.
Evangelio del día de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago, en la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante Él y gritó a voz en cuello: «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes». Porque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo, sal de este hombre.» Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos». Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: «Déjanos ir y meternos en los cerdos». Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchara de su país. Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiera en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia». El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Continuamos con la lectura meditada del capítulo 11 de la carta a los hebreos, que no dudamos en repetir y en nominar como la más hermosa página de toda la Biblia sobre la fe en el Dios de los vivos, en el Dios que lo puede todo. En efecto, continuará esta lectura que en evangelios precedentes habíamos enunciado y hace referencia a la historia de gigantes como Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel, los profetas. Y nos dirá este capítulo 11: “Que por la fe estos gigantes de la Biblia conquistaron reinos, administraron bien la justicia, vieron el cumplimiento de las promesas de Dios, cerraron las fauces de leones sanguinarios, apagaron fuegos y hogueras voraces, esquivaron la muerte a filo de espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros y aún hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos. Pero la fe también tiene una dimensión distinta, no sólo la cara, sino el sello de la moneda, otros, en cambio, por su fe, fueron torturados hasta la muerte dolorosamente, rechazando el rescate para obtener una resurrección mejor y otros más pasaron pruebas dolorosas de burlas, cárceles, encadenamientos, apedreamiento, azotes. A unos los aserraron, a otros los mataron a espada, otros rodaron por el mundo vagabundos con vestidos de pieles de oveja y de cabra, y más allá de riquezas materiales, anduvieron por los caminos de la faz de la tierra, oprimidos, faltos de todo, maltratados”. Pero reconoce el autor de la carta a los hebreos que el mundo y la generación de su tiempo no era digno de ellos, estos eran grandes, eran gigantes porque pusieron toda su fe en el Dios de la vida.
Concluirá esta lectura primera diciendo: “Todos éstos, aunque acreditados por la fe, vivieron la paradoja que no consiguieron todo lo prometido por lo menos en esta tierra, porque Dios tenía preparado algo mejor a favor suyo, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección”.
Hoy, cuando todos hemos sabido lo que es ser probados en la vida, ser cribados y purificados en nuestra fe, que no desmayemos, que no desfallezcamos inspirados en el testimonio luminoso de estos gigantes de la Biblia de la que nos hace referencia el capítulo 11 de la carta a los hebreos. Es que todo el mundo dice que tiene fe cuando el carro de su vida va en autopista o con las llantas bien infladas, y todos decimos ¡Dios mío! ¿dónde estás?, no te escucho, ¿por qué tu silencio?, te has ausentado, ¿existes de verdad? cuando somos probados en medio de las dificultades.
Con razón el salmo litúrgico de este día, el 30, nos invita: “A ser valientes de corazón si verdaderamente esperamos en el Señor”.
Pero hablemos del evangelio de hoy, tomado del capítulo 5 de san Marcos, que nos muestra una exótica y pintoresca historia de un hombre: “Que poseso por un espíritu inmundo en una región pagana Gerasa, o en la región de los gerasenos, vivía (y así lo describe de manera pintoresca), en medio del cementerio, entre sepulcros; ni con cadenas, nadie lo podía sujetar, lo ataban a cepos pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía la fuerza física o material para dominarlo, y el hombre poseído por este espíritu del mal de día y de noche, en los sepulcros y en los montes, gritaba y se hería con piedras”. No puede ser una imagen más lastimera de un hombre, quizás con un desequilibrio mental, quizás con una situación de dominio del mal en su vida espiritual, pero que entra Jesús a sanar, como lo veremos enseguida cuando dice que, viendo al Hijo de Dios a distancia, gritó con potente voz reconociendo su mesianismo: ¿qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?, “te pido, no me atormentes”.
Nos dice que Jesús, viendo el espíritu inmundo que dominaba a este hombre, lo increpa para que salga, para que abandone al hombre. Y ante la pregunta ¿cómo te llamas?, le dirá: “Me llamo Legión porque somos muchos”. Y lo manda Jesús con autoridad: “A que, saliendo del hombre, del cuerpo del hombre, sea llevado hasta un grupo de cerdos, que comiendo en la falda del monte enloquecidos se tiran acantilado abajo y mueren ahogados en el mar”. Nuevamente la escena, rica en detalles, descriptiva, pintoresca si se quiere, nos muestra: “Cómo los que cuidaban cerdos quedan impresionados y huyen a la ciudad a contar el poder de este hombre que lo que nadie había hecho por largos años en la vida de un pobre enfermo o epiléptico o endemoniado (nunca lo sabremos con claridad), Jesús, con autoridad, lo había alcanzado”. Luego el hombre sanado busca a Jesús y quiere seguirlo, pero Jesús le dice: “Vete a tu casa y anuncia a los tuyos, a la familia y a los amigos, lo que la misericordia y el poder de Dios han hecho contigo”. Y el hombre nos dirá el evangelista: “Se marchó por la Decápolis a proclamar cómo Jesús no sólo predica con autoridad, sino que sana y, sobre todo, libera del mal con autoridad.
Cómo la fuerza de la fe, como el poder del mal se arrodilla, se humilla ante Jesús, y cómo nosotros fácilmente nos dejamos impresionar ante la gritonería, la algarabía, la presunción del mal, cuando toma a una persona”. La vida y la experiencia como hombre, como creyente me ha mostrado, que detrás de los llamados bravucones que vociferan contra otros con violencia, no hay sino pobres cobardes, débiles de carácter que no saben sino gritar a los demás, ofender, pero que, ante la presencia con autoridad de Jesús, son como ovejitas mansas que salen corriendo y se apoderan del que era el animal impuro por excelencia en el pueblo de Israel, los cerdos, los marranos y luego acaban con su vida.
Hoy no le des tanta importancia al mal, hoy no le des tanto reconocimiento al ruido que los malvados, los violentos de este mundo hacen, en el mundo de la política, en el mundo de las empresas, en el mundo familiar. Confía en el Señor, medita esta hermosa página de la primera lectura de hebreos 11 y por tu fe en el Señor aprende a decir como el apóstol Pablo: “Si Cristo está conmigo”, ¿quién, quién podrá estar contra mí?
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día y te dé coraje y valentía para soportar las pruebas. Y te bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.