¡La ley de Dios es perfecta!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 5, 17-37
Primera lectura del día de hoy
Lectura del libro del Eclesiástico 15,16-21:
SI quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras. Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera.
Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo.
Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre. A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo 119/ 118,1-2.4-5.17-18.33-34
Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
V/. Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. R/.
Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
V/. Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus decretos. R/.
Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
V/. Haz bien a tu siervo: viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu ley. R/.
Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
V/. Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu ley y a guardarla de todo corazón. R/.
Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
Segunda lectura del día de hoy
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2,6-10:
Hermanos: Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.
Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.
Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Evangelio del día de hoy
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5,17-37:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y silo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”.
Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello.
Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Entendemos a partir del Evangelio de hoy, que todas las sociedades se han organizado alrededor de leyes que regulan las relaciones entre los hombres, en todas sus dimensiones. Pero también descubrimos, que la ley suprema no es la de ningún parlamento o la de ningún gobernante por sabio que sea, la ley suprema es la de Dios.
Hoy Jesús se nos presenta como un nuevo Moisés, un nuevo legislador, y nos quiere mostrar que la ley del antiguo testamento no va a ser superada, sino sobre todo perfeccionada. Encontramos en nuestro mundo, que hoy hay mucho respeto de las leyes humanas, pero no hay tanto respeto de la ley de Dios.
Recordemos lo que nos dice el Evangelio: “No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud”, y primero pasarán este cielo y tierra que conocemos y disfrutamos, antes que deje de cumplirse hasta la última letra de la ley de Dios. También nos advierte Jesús: “que, si no somos mejores seres humanos que los escribas y fariseos que fungían como cumplidores de la ley religiosa de su tiempo, no podremos conocer la sabiduría de Dios, ni entrar en el Reino de los Cielos”. Finalmente, Jesús nos ha dicho, que en el antiguo testamento se hablaba de no matarás, pero Él habla, de que hay que perfeccionar el tema del homicidio, y matamos en el corazón un hermano, cuando nos peleamos y lo odiamos.
También se dijo en el antiguo testamento: “No cometerás adulterio”. Pero Jesús, perfeccionando esta ley dice: “Cuando tu corazón se ha llenado de lujuria y deseas a una mujer casada, ya has sido adúltero”. También en el antiguo testamento se decía: “No te divorcies”, pero Jesús dice: “El que se divorcie de una mujer y no le dé acta de repudio, también comete adulterio”. Finalmente señalará Jesucristo: “Que no jurarás en falso”, retomando la ley del Antiguo Testamento, pero Él nos invita a no jurar en absoluto ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ninguna realidad humana.
Pero concluyamos, con la más hermosa enseñanza que queremos compartir con ustedes, la ley de Dios, tiene seis características que la hacen única, que la hacen absolutamente universal y que nos lleva a nosotros a descubrir, si seguimos vanas leyes de los hombres que respetamos tanto y olvidamos la ley de Dios, la única que debería de ser respetada absolutamente. Estas seis características de la ley de Dios son: ella es sabia, la ley divina, porque nos permite distinguir el bien del mal, lo que conviene de lo que no conviene a nuestra vida.
Pero en segundo término la ley de Dios es eterna. En efecto, dirá Jesús: “Cielos, cosmos, tierra pasará, pero mis palabras no pasarán”. Las leyes de los hombres a veces son modas, son caprichos, lo que un presidente dice sobre inmigrantes otro lo deshace, lo que un presidente dice sobre construir puentes otro habla de levantar muros, las leyes humanas son tan cambiantes.
En un tercer evento encontramos que la ley de Dios es universal, aplicable a todos los hombres, más allá de su raza, más allá de su lengua, más allá de su credo político, porque Dios como nadie conoce la universalidad del corazón humano y las leyes de Dios apuntan a iluminar la hondura, la profundidad de ese corazón humano.
En un cuarto momento encontramos que la ley de Dios a veces se nos presenta como paradójica, contradictoria, porque parece que cumpliendo la ley de Dios perdiéramos en la vida, según los criterios humanos, pero descubrimos que al final salimos ganando. Por ejemplo: la ley de Dios nos invita a servir a los demás antes que servirnos a nosotros. Humanamente parecemos perder, pero al final ganamos. Otro ejemplo: la ley de Dios nos invita a ser humildes, cuando la ley humana nos dice que prevalezca nuestro criterio, nuestro poder, nuestra postura personal, y en la humildad solo hay ganancia de cara Dios y de cara a los hombres.
En un quinto momento encontramos que la ley de Dios a veces se ve como oculta, escondida. De hecho, Pablo, en la carta a los corintios nos invita: “Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios”. A veces esa ley divina es como un tesoro enterrado, no lo descubrimos fácilmente, y leemos la literalidad de la ley, pero no desentrañamos su espíritu. El más claro ejemplo es las bienaventuranzas. En la literalidad de la ley es un texto contradictorio con el espíritu del mundo, pero en la profundidad es un camino de cielo, de plenitud, de felicidad y de salvación.
En un sexto y último momento encontramos que la ley de Dios es perfecta, es lo mejor que puede pasar al hombre. Le conduce a la paz, a la libertad, a la sanación, a la plenitud, delante del hombre esta vida y muerte, seguro que cumpla la voluntad de Dios para que alcance la vida.
Seis características de la ley de Dios: es sabia, uno, eterna, dos, universal, tres, a veces paradójica, cuatro, oculta la simple mirada humana, cinco, y perfecta, seis. Esto hace que la ley de Dios sea muy distinta de las leyes de los hombres, que nos afanamos en cumplir y que a veces dejan grandes desencantos en la vida. Señor con el salmista digo: “Dichoso el que camina en la voluntad del Señor, dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad de Dios, el que guardando sus preceptos lo busca de todo corazón.
Señor, enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla con toda la fuerza de mi alma, amén”.
El Señor te bendiga en este día en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.