¡Ante ti pongo bendición y maldición!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-03-12T17:34:04Z
dc.date.available2025-03-12T17:34:04Z
dc.date.issued2025-03-06
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En el puro comienzo de una nueva Cuaresma para nuestra vida, tiempo de gracia, tiempo de bendición y tiempo de un cambio de una renovación profunda de nuestra vida, se nos presenta en la primera lectura el capítulo 30 del libro del Deuteronomio que nos invita, nos exhorta a elegir bien en la vida. De hecho, en labios de Moisés, hablando a su pueblo justo antes de entrar en la llamada tierra de la promesa y precisamente durante su estadía en el desierto, Moisés dirá a su pueblo y hoy nos lo dice a cada uno de nosotros: “Mira, hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, Dios te manda seguir sus caminos, observar sus preceptos, obedecer sus mandatos y decretos y sólo así viviremos y creceremos, y Dios bendecirá la tierra donde va a entrar el pueblo de Israel para poseerla, como hoy en el siglo XXI quiere bendecir nuestra vida”. Pero Moisés también nos advierte: “Que, si nuestro corazón se aparta de Dios, si escuchamos solamente las voces del mundo que nos atraen y nos dicen aquí y allá está la felicidad y nos dejamos arrastrar ante ídolos como el dinero, el placer sensual, la comida, la fama, el prestigio, el aplauso humano”. Nos advierte el libro del Deuteronomio, “si nos olvidamos de servir a Dios por servir los ídolos del mundo, moriremos sin remedio, no alcanzaremos las promesas de Dios”. Y de manera solemnísima, Moisés dirá: “Hoy pongo como testigos frente a ustedes el cielo y la tierra, toda la obra creada, pone delante de nosotros la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Elijamos la vida para que vivamos nosotros y nuestra descendencia, amando al Señor y escuchando su voz, pues Él es la vida verdadera y en Él se han cumplido las promesas y se cumplirán las promesas que ha hecho a los primeros padres, los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob”. Así termina esta primera lectura de Deuteronomio, capítulo 30, y así debemos de tomar con seriedad y cierto dramatismo. Nos quejamos a veces de que estamos muertos en vida, pero es que hemos elegido, escogido mal en nuestra vida. Muchos sufrimientos actuales se dan con ocasión de malas elecciones en nuestra vida y por el contrario, muchas bendiciones que hemos recibido se dan porque hemos dado el primer lugar a Dios y sus mandatos en nuestro corazón. Con razón, en esta misma línea de pensamiento por demás sapiencial, el salmo de hoy en la liturgia es el primero que nos invita: “A reconocer que es bienaventurado, feliz o dichoso el hombre que ha puesto toda su vida y toda su confianza sólo en manos de Dios, será como el árbol que, plantado al borde del riachuelo, da fruto a su tiempo, no se marchitan sus hojas”. Y oigan esto tan bello: “Todo lo que el hombre bueno emprende, todos sus proyectos, todas sus empresas tienen un buen término, un buen final”, pero advierte, “no así con el malvado, no así, será como paja seca arrebatada por los vientos caprichosos”. Y concluirá diciendo: “Que el malvado, aunque de momento triunfe al final se desbarata y se enreda su vida, porque Dios, al hombre justo, lo protege, pero el camino del malvado, del pecador, del que se ha alejado de Dios, el camino del hombre equivocado siempre acaba mal”. Impresionante esta reflexión, justo en el puro comienzo de esta Cuaresma, tomémonos en serio esta advertencia y elijamos bien en nuestra vida el camino de la verdad, el camino de la vida. Pero pasemos finalmente al evangelio de hoy, donde podemos sacar claras enseñanzas para nuestra vida. La primera. Jesús nos salva, nos perdona los pecados, sólo y únicamente a través del camino de su Pasión, Muerte y Resurrección. Para aquellos que piensan que Jesús fue un iluminado, un maestro ascendido, un yogui, se equivocan. Jesús es el Hijo del Dios Altísimo, es el ungido de Dios, el enviado para darnos la salvación, un salto cualitativo en nuestra vida donde ya dejamos toda esclavitud del pecado, infectados por el mal del pecado para alcanzar la libertad gloriosa de los hijos de Dios que tanto exalta y canta el apóstol san Pablo en sus cartas. Pero en una segunda enseñanza encontramos, que no hay verdadero camino de seguimiento de Jesús sin negarnos a nosotros mismos, sin dejar a un lado nuestro orgullo, nuestros criterios que consideramos absolutos y únicos y no abrazamos la cruz que cada día la vida nos presenta. Y la cruz no son dos travesaños de madera superpuestos uno sobre otro, sino que la cruz es toda realidad humana que me lleva a morir a mí mismo, a mi soberbia personal, a mi egoísmo a veces patológico. El trabajo y la disciplina del trabajo, en no pocas ocasiones es cruz, la convivencia y la exigencia de convivir armónicamente con otra persona es cruz, una enfermedad, una debilidad personal o psicológica como la depresión es cruz en la vida. Una persona difícil que injusta y cruelmente te talla, se vuelve cruz y te lleva a morir a tu yo personal. Pero en una tercera enseñanza encontramos una gran antítesis donde nos muestra el evangelio “que aquel que quiera salvar su vida, la debe de entregar, y sólo el que entregue su vida cada día con amor la va a salvar”. Esto va en contravía directa, riñe con todos los criterios del mundo que nos hablan de asegurar la vida, preservarnos, cuidarnos, consentirnos, y Jesús nos habla: “Toda seguridad humana es fatua, es engañosa, es temporal, y la vida sólo se encuentra verdaderamente cuando se entrega a los demás, y la vida se pierde cuando la cuidamos, la conservamos demasiado encerrados en nuestro mundo de miedos, de egoísmos y de aparentes seguridades personales”. Concluirá el evangelio con una cuarta enseñanza que es completamente dramática y que muestra que a veces vivimos la vida en un total engaño y planteará Jesús a los suyos ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Porque al final, cuando creemos que fuimos exitosos, que alcanzamos un estatus económico, un reconocimiento social, que disfrutamos de los restaurantes Michelin, de los placeres de la vida, que viajamos y no sé qué, al final reconocemos que engañosamente, creyendo haberlo logrado todo, nos quedamos sin nada, la salvación eterna de nuestra alma. Piénsalo, en este inicio de la Cuaresma, descubre cómo el Señor te llama a mirar más profundamente, a desvelar tantos engaños en los que vivimos con el falso evangelio del mundo que nos promete felicidad y luego deja infelicidad, que nos promete bienestar y luego genera un profundo malestar. Señor, danos reconocer que solo en Ti hay palabras y sabiduría que generan vida eterna. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 9, 22-25 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro del Deuteronomio 30, 15-20. Moisés habló al pueblo, diciendo: «Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo les declaro hoy que morirán sin remedio; no durarán mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán. Hoy cito como testigos contra ustedes al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que vivan tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a Él, pues Él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob». Palabra de Dios». Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6 Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto a su tiempo y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 9, 22-25 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?». Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús».
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dc.subjectConfianza en Dios
dc.subjectMandamientos
dc.subjectObedecer los mandatos de Dios
dc.subjectObservar los preceptos de Dios
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectSeguir los caminos de Dios
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Ante ti pongo bendición y maldición!
dc.title.alternativeObedecer a Dios

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