¡Tres actitudes contra la falsa religiosidad!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 11, 47-54
Lectura del día de hoy
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 3, 21-30a
Hermanos:
Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los Profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley.
Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre.
Así quería Dios demostrar que no fue injusto dejando impunes con su tolerancia los pecados del pasado; se proponía mostrar en nuestros días su justicia salvadora, justificándose a sí mismo y cancelando la culpa del que apela a la fe en Jesús.
Y ahora, ¿dónde queda el orgullo? Queda eliminado. ¿En nombre de qué? ¿De las obras? No, en nombre de la fe.
Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.
¿Acaso es Dios sólo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles?
Evidente que también de los gentiles, sí es verdad que no hay más que un Dios. Él absuelve a los circuncisos en virtud de la fe y a los no circuncisos también por la fe.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo (130) 129, 1-2.3-4.5:
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Desde lo hondo a ti grito, Señor: Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra, mi alma aguarda al Señor.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Evangelio del día de hoy
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 47-54
En aquel tiempo, dijo el Señor:
¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron!
Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron y vosotros les edificáis sepulcros.
Por algo dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos los perseguirán y matarán»; y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario.
Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación.
¡Ay de vosotros, juristas, que os habéis quedado con la llave del saber: vosotros que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!
Al salir de allí, los letrados y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.
Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El evangelio de hoy nos muestra como Jesús fue misericordioso con los débiles, con los pecadores; pero fue duro, muy duro con los llamados hombres religiosos, piadosos y si se quiere puros de su tiempo, encarnados en los fariseos y en los escribas o peritos en la Torá. Nuestra realidad XXI siglos después no es tan distinta, el Papa Francisco, vicario de Cristo en la tierra, es profundamente misericordioso con los caídos, con los débiles, con los pecadores y los excluidos; pero, hay que decirlo, nuestro Papa es fuerte con los eclesiásticos, con los que a veces escudados en la institución de la Iglesia, absolutizan la norma, hacen del dogma un espacio estático, son intransigentes y severos con el pueblo de Dios. ¿Qué significa este mensaje del Papa Francisco, el vicario de Cristo en la tierra?
En la misma línea del evangelio que hoy se nos presenta, presentemos tres sabidurías, tres enseñanzas para nuestra vida, para los hombres de nuestro tiempo.
La primera, Jesús como nuestro Papa, nos invitan a dirigir la mirada a lo esencial de la vida, a purificarnos de exterioridades, a no ser cositeros, la norma por la norma, el rito por el rito, el dogma por el dogma; ellos en sí mismos no salvan, no liberan, no transforman profundamente, es Cristo con su mensaje, con sus acciones, con su Espíritu, que trae el reino de los cielos y la vida nueva a los hombres y al mundo. Es que la esencia de la vida de toda vida se construye sobre el amor de Cristo, se edifica sobre la paz de Cristo, Él nos ha dejado un mensaje, el perdón universal y con su entrega hasta la muerte en cruz, de alguna manera nos comunica todo el misterio de la redención, precisamente por su muerte y resurrección.
Pero hay un segundo mensaje que hoy pudiéramos aplicar y no dejar el evangelio como letra muerta hace 2000 años; este segundo mensaje, nos invita a no vivir la existencia para mirarnos el ombligo, perdónenme la expresión, (significa, no vivir la vida para mirarnos sólo a nosotros mismos).
Es reiterativo el Papa Francisco en su invitación a abandonar la autorreferencialidad que nos hace autosuficientes, engreídos, incapaces de diálogo con quienes piensan distinto. La Iglesia no podrá entender al hombre de hoy si no es más misionera, si no sale afuera a vivir un éxodo a buscar las periferias existenciales. Reconocemos como evangelizadores y como Iglesia, que el mundo no empieza en nosotros y no termina en nosotros, la vida cristiana no puede empezar en mí y terminar en mí, empezar y terminar en mi familia o en mi parroquia; el mundo es mucho más amplio y la misión nos pide, tener una apertura mental y espiritual, para entrar en diálogo con aquellos que son diferentes.
Podríamos decir finalmente en este tema de no a la autorreferencialidad, que no nos podemos sentir dueños de la llave del saber y de la verdad. Muy en la línea de lo que nos presenta el evangelio de hoy, cuando Jesús se lamenta: ¡Ay de ustedes llamados maestros de la ley, que se han quedado con la llave del saber; ustedes no han entrado y han cerrado el paso a los que intentaban entrar!, nos dice el evangelio de este día. Estamos invitados de alguna manera a reconocer, que no somos dueños de la verdad como Iglesia, somos depositarios, administradores al servicio de esa verdad contenida en el evangelio.
En una tercera actitud y final, se nos invita al coraje y a la renovación para utilizar expresiones del Papa Francisco. Tener el coraje de cuestionar nuestra vida, nuestra forma de misionar y de evangelizar. Las formas pastorales, los grupos apostólicos que fueron respuesta hace 30, 40 años, probablemente hoy no satisfacen la necesidad sobre todo de los más jóvenes y lo encontramos en nuestras parroquias, cuando vemos que mucha gente de primera y segunda generación, le han dado la espalda a la Iglesia. No nos lastimemos, ni nos dolamos por ello, busquemos simplemente con el mejor mensaje el evangelio, atraer, conquistar a tantas personas jóvenes y de edad media, que hoy tienen hambre de espiritualidad y buscan de Dios sin buscarlo necesariamente en la Iglesia. Pero atención, este coraje y esta renovación nos implica a veces vivir incomprensiones aún dentro de la misma Iglesia, por pensar de manera distinta, por renovar el ardor y el método evangelizador, siempre en fidelidad al mensaje de Jesús.
Hoy necesitamos coraje, para trasegar por nuevos caminos, en búsqueda de diálogo, de entendimiento, en búsqueda de conocer nuevos lenguajes, nuevas sensibilidades, nuevas necesidades del hombre de hoy.
Tres palabras, mirar a lo esencial lo primero, no vivir en autorreferencialidad mirándonos al ombligo, dos y tener el coraje de renovar nuestro sentido misionero y evangelizador, tres.
Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.