¡Nosotros Esperamos…!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2026-04-27T22:20:28Z
dc.date.available2026-04-27T22:20:28Z
dc.date.issued2026-04-19
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Nosotros Esperamos…! En el hermosísimo texto de Los Peregrinos Camino de Emaús, (un Evangelio que había salido recientemente y que ahora repetimos por aquello que yo llamo los caprichos de la liturgia). Descubramos cómo en la vida hay que desandar, desaprender el camino equivocado y regresar a la vida nueva, como lo hicieron en su momento hace más de 20 siglos los discípulos de Emaús. Es que, en el fondo, esta imagen de los peregrinos de Emaús es la más hermosa catequesis sobre el camino pascual de renovación de la vida. Emaús es una clara fotografía de lo que es el hombre renovado por la fuerza de Cristo Resucitado. Emaús es la imagen de dos discípulos que, bajo el signo de la derrota aparente, regresan a su antigua vida en su pequeño pueblo, sin descubrir que Cristo camina con ellos a su lado. Descubramos algunos momentos o pasos en este peregrinaje de la fe buscando el rostro de Dios, como lo hicieron Los Peregrinos de Emaús. En una primera enseñanza descubramos, que todos somos caminantes, todos somos peregrinos, todos somos buscadores de la verdad absoluta que sólo encontramos en Dios. Es que caminar es vivir; vivir es caminar. Pero en una segunda enseñanza reconozcamos, cómo estos peregrinos vuelven a su pueblo natal, a su vida habitual, después de haber sido testigos de la muerte y también de un relato que no creen de la Resurrección de Cristo, vuelven a la vida de siempre. ¿Cuántos hombres y mujeres de nuestro tiempo han conocido de Jesús, pero tal vez, como decían las abuelas, “matando al tigre, se han asustado con la piel del tigre” y vuelven a su vida vieja, a su vida antigua, porque temen caminar y avanzar en la vida nueva con Cristo? También recordamos la expresión famosa del profeta Isaías cuando dice: “Ay, de aquel que ha conocido de Dios y vuelve atrás, que será como el perro que vomita la suciedad que hay en su vida y regresa para comerse su propio vómito”. Una vez que has conocido de Jesús, no vuelvas atrás, en el mundo no hay nada bueno para volver a experimentar, y te lo he dicho hasta la saciedad, el mundo paga muy mal. Pero en una tercera enseñanza encontramos, como a veces somos incapaces para descubrir y reconocer la acción, el caminar, la presencia de Jesús en nuestra vida. De hecho, el evangelista Lucas habla de cómo estos peregrinos estaban como ciegos y no reconocieron ese extraño caminante que está a su lado. Ellos simplemente se encontraban abrumados, quizás por los acontecimientos de ese fin de semana en la ciudad de Jerusalén, cuando regresaban a su pequeño pueblo, Emaús en ese domingo, el primer día de la semana para los judíos. En una cuarta enseñanza, encontramos cómo Jesús se hace cercano a nuestra vida, permítanme la expresión “cómo Jesús sale al paso nuestro y se hace el encontradizo”, Él quiere seguir caminando con nosotros. ¿Cuántos ángeles o enviados de Dios ha puesto el buen Señor en tu vida, en tus padres, en abuelos, en hermanos, en amigos?, ¿quizás en personas que espontáneamente se han acercado a tu vida y te han consolado, fortalecido, iluminado, apoyado, ayudado? Allí está Jesús, que repito, se hace el encontradizo, pero a veces no lo reconocemos, ese cercano, caminar con nosotros. En una quinta enseñanza, reconoce en estos dos peregrinos también tu propia vida cuando a veces abatidos, decepcionados, desencantados, desilusionados, esperábamos más, pruebas más fehacientes, signos más claros de la acción de Dios en nuestra vida. Y nos dice el evangelista Lucas “que tenían su rostro entristecido, su mirada apesadumbrada”. Hoy, ¿cómo te sientes en este tiempo precioso de la Pascua?, ¿una persona alegre, libre, fuerte, llena de esperanza?; o por el contrario ¿te quedaste en la Cuaresma abatido, decepcionado, desilusionado porque no has dado el paso con Cristo, no has hecho Pascua con Cristo a una nueva vida? En una sexta enseñanza, miramos una gran ironía. Había una fe teórica en estos peregrinos de regreso a Emaús que miraban a Jesús como un profeta poderoso en obras y palabras y en el fondo dirán ellos que eran testigos de todo lo acontecido ese viernes, que luego la Iglesia declarará Viernes Santo y de lo que habían dicho las mujeres y algunos apóstoles en la madrugada del domingo. Y ellos, de manera irónica, cuestionan al forastero sin saber que es Jesús y le dirán: “Tú eres el único extranjero, extraño, forastero en la ciudad de Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí este fin de semana”. ¡Qué ironía! Los que supuestamente sabían lo que había acontecido eran ignorantes y el supuestamente ignorante, el caminante extraño que ellos no reconocen que es Jesús, si sabe lo que ha acontecido con su propia vida. Es que definitivamente la mayor ignorancia es creer que las sabemos todas. En una séptima enseñanza, cómo nos escandaliza el dolor, cómo nos endurece el entendimiento, cómo Jesús los reprende y les dice “como son ciegos y duros de entendimiento ustedes”. Y a partir de la Escritura y del mensaje de los profetas y la Torá judía, les va explicando paciente y de manera metodológica y pedagógica “que era necesario que el Mesías de Dios, el Ungido de Dios, el Enviado de Dios, sufriera, padeciera, sufriera esa Pasión dolorosa para entrar en la gloria con el Padre Dios”. Hoy no esperes que haya gloria en tu vida sin cruz. Hoy no esperes que haya triunfos sin batallar, como me gusta decir “no disfrutes de la rosa sin antes conocer el pinchazo de la espina”. No esperes la tierra prometida sin pasar antes por la dureza del desierto. Es la dinámica de Cristo y es la dinámica por la que tenemos que pasar todos los seguidores de Jesús. En una octava enseñanza, está esta expresión tan existencial: es que nosotros esperábamos, es que nosotros confiábamos; podemos decir, es que nosotros teníamos todas nuestras expectativas en este hombre como un Mesías liberador. En el fondo, detrás de esta expresión “nosotros esperábamos”, hay una duda profunda de fe, porque creen que Jesús murió, pero no resucitó. Y olvidan que las mujeres de Jerusalén han hablado de que el cuerpo yerto, el cadáver de Jesús no aparece, que los ángeles, allá en el sepulcro, han anunciado su Resurrección, que los discípulos lo han visto una vez glorificado. Cómo a esos discípulos de Emaús, y a nosotros nos cuesta dar el salto de fe del Viernes Santo, el Jesús crucificado al domingo pascual, el Jesús Resucitado. En una novena enseñanza, aprendamos a decir como los discípulos de Emaús cuando nos ha ardido el corazón ¡quédate con nosotros, Señor, ¡que cae la tarde, llega la noche, nos da miedo la oscuridad! Y en el fondo aprendamos a decir: Jesús, no me abandones, Jesús, te necesito, Jesús, acompáñame en esta etapa de mi vida. En una décima enseñanza reconocemos, cómo arde nuestro corazón, cómo los discípulos de Emaús, cuando se nos explica con claridad los textos evangélicos y cuando entendemos que Cristo tiene vida en la Palabra, o que mejor, la Palabra de Dios no es palabra muerta, sino palabra viva cuando la entendemos a la luz de Cristo, muerto y resucitado, y que está Palabra de Dios es capaz de darnos nueva vida a todos. Enamorémonos de la Palabra, conozcamos la Palabra para que no deje de arder nuestro corazón. En una decimoprimera enseñanza reconozcamos, como este misterioso caminante, Jesús glorificado, estando a la mesa toma pan, pronuncia la bendición, parte el pan y lo comparte con ellos, y nos dice que al punto se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús como Resucitado, pero Él desaparece porque ya ellos no necesitan su presencia material, ya Él ha quedado en la presencia sacramental. ¡Qué hermoso esto! La presencia sacramental de Cristo en la Palabra que nos hace arder el corazón y la Palabra sacramental de Cristo en el Pan Eucarístico que se hace comida, donde nos alimenta a cada uno de nosotros. Y la presencia sacramental de Cristo en la comunidad, cuando ellos vuelven a la comunidad creyente de los apóstoles, como hoy, 2000 años después, aunque no vemos a Cristo de manera material, lo sentimos sacramentalmente en la Palabra, en el Pan Eucarístico y en la comunidad creyente. Con razón decimos que la Eucaristía es el sacramento pascual por excelencia, junto con el Bautismo, que nos permite recibir la vida divina. Hoy, en una decimosegunda y final enseñanza, volvamos a la Iglesia, volvamos a Jerusalén, volvamos a la barca, volvamos a la comunidad creyente, convirtamos nuestro corazón a Cristo, demos la vuelta sobre nosotros mismos y reconozcamos que Cristo ayer, hoy y siempre en el siglo XXI, ha Resucitado en ti y en mí y sigue, sigue actuando, sigue, sigue viviendo en nosotros. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 24, 13-35 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 14.22-33: No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: – «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice: «Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.» Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que «no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción», hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo día de Hoy: Salmo 16(15), 1-2 y 5.7-8.9-10.11 (R. 11a): Señor, me enseñarás el sendero de la vida. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. Señor, me enseñarás el sendero de la vida. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Señor, me enseñarás el sendero de la vida. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Señor, me enseñarás el sendero de la vida. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. Señor, me enseñarás el sendero de la vida. Segunda Lectura: 1P 1, 17-21: Os rescataron a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto. Queridos hermanos: Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin par­cialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35: Lo reconocieron al partir el pan. Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: -«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: -«¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: -«¿Qué? Ellos le contestaron: -«Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.» Entonces Jesús les dijo: – «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, el hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.» Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: – «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: – «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.» Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1296
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1nHv9nRfx4-rPZ7iKwEGTAvWckB5zSOow/view?usp=drive_link
dc.subjectAcción de Jesús en nuestra vida
dc.subjectBuscadores de la verdad
dc.subjectCamino de fe
dc.subjectCruz
dc.subjectDiscípulos
dc.subjectEmaús
dc.subjectGloria en la vida
dc.subjectPeregrinos
dc.subjectReconocer a Jesús
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Nosotros Esperamos…!
dc.title.alternativeDiscípulos de Emaús

Files

Original bundle

Now showing 1 - 2 of 2
Loading...
Thumbnail Image
Name:
Miniatura abr.19.jpg
Size:
213.38 KB
Format:
Joint Photographic Experts Group/JPEG File Interchange Format (JFIF)
Loading...
Thumbnail Image
Name:
Síntesis abr.19.jpg
Size:
361.85 KB
Format:
Joint Photographic Experts Group/JPEG File Interchange Format (JFIF)

License bundle

Now showing 1 - 1 of 1
Loading...
Thumbnail Image
Name:
license.txt
Size:
1.71 KB
Format:
Item-specific license agreed to upon submission
Description:

Collections