¡Sal y luz del mundo!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 5, 13-16 Lectura del día de hoy Lectura de la segunda carta de corintios 1, 18-22: Hermanos: ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no». Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu. Salmo del día de hoy Salmo 119: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo. Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma. /R. La explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes. /R. Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos. /R. Vuélvete a mí y ten misericordia, como es tu norma con los que aman tu Nombre. /R. Asegura mis pasos con tu promesa, que ninguna maldad me domine. /R. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, enséñame tus decretos. /R. Evangelio del día de hoy San Mateo 5, 13-16: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Jesús no predica nada que Él primero no haya vivido, eso se llama coherencia. Para hacernos una exhortación, Jesús constata que a veces llevamos una vida insípida, sosa, insensata, desabrida o a veces vivimos en penumbra y en sombra, y para eso se sirve de dos elementos de la cotidianidad judía para dejarnos grandes enseñanzas. En efecto nos habla de la sal y de la luz y del poder inmenso y transformador que hay en ellos, que aun concentrados esto es en pequeñas cantidades, como logra dar sabor un poco de sal, o como logra iluminar un poco de luz. La sal es tan potente que no se come sola, sólo sirve saliendo de sí misma, sólo sirve disolviéndose, entregándose en otros alimentos evitando el protagonismo; y la sal tiene tres funciones, purificar, desinfectar las heridas así duela; tiene una segunda función, conservar, preservar de la descomposición, y en el antiguo testamento la sal era signo de la alianza. De hecho, cuando se hacía un convenio o pacto, se echaba encima sal para asegurar que se respetaba y se conservaba ese pacto o convenio. Pero también la sal en un tercer momento, sirve para dar sabor, sazón, gusto a los alimentos; entendida la sal de esta manera, nos invita a purificarnos del pecado, del veneno del mundo, a desinfectar las heridas de nuestra alma. Pero hay un segundo aspecto y es la luz, la luz alumbra sin que deslumbre, un poco de ella conjura una densa oscuridad, una vela por ejemplo es capaz de iluminar una gran habitación cuando falta la luz eléctrica, esa luz está llamada a estar en lo alto, en una mesa, en un candelero, en una montaña; no se puede colocar con miedo debajo de la mesa, con complejo debajo del celemín o candelero, no, la luz que es símbolo de la verdad, la verdad de Cristo, la luz es un caminar, un avanzar en Dios, sin miedo, sin tropiezos. La luz que genera alegría, confianza y tranquilidad por ejemplo cuando está amaneciendo después de una noche en vigilia por nuestra enfermedad, y sentimos la luz del alba que nos saluda, ahí reconocemos verdaderamente el poder de la sal y de la luz de la que nos habla Jesús en el evangelio de san Mateo. Pero, ¿cuál puede ser el sentido más profundo de esta sal y de esta luz de la que Jesús nos habla? De alguna manera vivir con luz y con sal en la vida, es caminar en fe, caminar en la luz de Dios; sabernos en la certeza de que el amor de Dios es capaz de darle luz y sabor a la vida, de hacer una nueva vida con más alegría, con más amor, con más confianza. Pero también la sal y la luz de alguna manera son símbolo de la esperanza, Cristo resucitado es la gran luz que da esperanza al mundo entero, Cristo desde la sal es el sabor insípido de la muerte que queda atrás y se introduce en la sal de la vida, porque los que esperamos en Dios no desesperamos. Finalmente, pudiéramos decir, que la sal y la luz son el signo del amor misericordioso de Dios con el hambriento, el sin techo, el forastero, el desnudo, recordando el texto de Isaías: “Sólo así por obras de misericordia brillará tu luz en la oscuridad”. Es que nada ilumina más el corazón humano, como el amor misericordioso de Dios. Hoy siente, que estás llamado a ser un hombre, una mujer nuevos, con la luz de Cristo, con la luz de los santos si quieres, y sólo por tu luz y por la sal de tu corazón, habrá más justicia, habrá más solidaridad, habrá más perdón, habrá más misericordia en el mundo. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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