¡La alegría de sentirte perdonado!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Lucas 16, 10-13
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: 1 Timoteo 4, 12-16
Querido hermano: Que nadie te desprecie por tu juventud. Procura ser un modelo para los fieles en tu modo de hablar y en tu conducta, en el amor, en la fe y en la castidad. Mientras llego, preocúpate de leer públicamente la palabra de Dios, de exhortar a los hermanos y de enseñarlos.
No descuides el don que posees. Recuerda que se te confirió cuando, a instancias del Espíritu, los presbíteros te impusieron las manos. Pon interés en todas estas cosas y dedícate a ellas, de modo que todos vean tu progreso. Cuida de tu conducta y de tu enseñanza y sé perseverante, pues obrando así, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 111(110), 7-8.9.10 (R. cf. 2a)
Los mandamientos del Señor son dignos de confianza.
Justas y verdaderas son las obras del Señor;
son dignos de confianza sus mandatos,
pues nunca pierden su valor y exigen ser fielmente ejecutados.
Los mandamientos del Señor son dignos de confianza.
El redimió a su pueblo y estableció su alianza para siempre.
Dios es santo y terrible.
Los mandamientos del Señor son dignos de confianza.
El temor del Señor es el principio de la sabiduría
y los que viven de acuerdo con él son sensatos.
La gloria del Señor perdura eternamente.
Los mandamientos del Señor son dignos de confianza.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.
Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora».
Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El fariseo contestó: «Dímelo, Maestro». El le dijo: «Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?» Simón le respondió: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Entonces Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama». Luego le dijo a la mujer: «Tus pecados te han quedado perdonados».
Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: «¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?» Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz».
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.