¡Generación incrédula!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 29-32 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 1, 1-7 Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por Él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (98)97, 1.2-3ab.3cd-4: El Señor da a conocer su victoria. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. El Señor da a conocer su victoria. El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. El Señor da a conocer su victoria. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad. El Señor da a conocer su victoria. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 29-32 En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús y él se puso a decirles: Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Generación Incrédula! El comienzo de la Carta del apóstol san Pablo a los Romanos nos muestra el progresivo descubrimiento del llamado de la misión y de la propia identidad que el apóstol Pablo tiene en su anuncio del evangelio al pueblo de la gentilidad, entiéndase al pueblo de los no judíos. Tú y yo, 2000 años después, tal vez no a primer golpe de vista, reconocemos cuál es nuestra identidad profunda de cara al sueño que Dios tiene para nuestra vida y menos reconocemos a primer golpe de vista, la misión que Él nos ha encargado. Pero el paso del tiempo, las personas que comparten con nosotros los carismas recibidos, las circunstancias que vivimos, las situaciones particulares en el día a día, nos permiten ir descubriendo de manera progresiva, procesual, pequeños atisbos de luz interior que nos llevan a ir reconociendo cuál es la voluntad de Dios sobre nosotros, cuál es la misión que el Señor ha encomendado a nuestra vida, que no puede ser simplemente trabajar para hacer rica a una empresa o para hacernos ricos a nosotros. La vida humana no puede ser tan miserable que sólo se agote en trabajar para producir unos bienes, acumularlos y vivir con cierto bienestar egoísta y efímero. Pero en el corazón humano sentimos que hay un llamado más profundo, una misión más alta para desarrollar. En efecto, en esta primera lectura Pablo se siente siervo de Cristo Jesús, se experimenta llamado a ser apóstol del evangelio, escogido por el anuncio del evangelio de Dios, la Buena Nueva, la Nueva Vida que Dios ha prometido a través de los profetas en las Escrituras. Y esa nueva vida se refiere al Hijo nacido de una doncella virgen, descendiente de la estirpe de David, según lo carnal, según lo humano. Pero entenderá Pablo de manera progresiva, que por este que él anuncia a Jesús que aunque fue nacido de la carne, es un hombre único y especial, y por Él hemos recibido la gracia del apostolado para suscitar la obediencia por la fe entre todos los hombres, especialmente entre los pueblos gentiles. Y esto para la mayor gloria del nombre de Dios. Con razón el salmo litúrgico de este día nos invita a repetir como asamblea celebrante: “El Señor da a conocer su salvación y lo hace a través de instrumentos elegidos como Saulo, el apóstata, luego Pablo el apóstol. Saulo el perseguidor, luego Pablo el defensor”. Pero modernamente el Señor da a conocer su salvación, como nos dice el salmo de hoy a través de nosotros, que somos instrumentos también elegidos para comunicar la Buena Noticia de la Vida Nueva, que sólo nos viene por la Persona Divina de Jesús. Pero toda esta realidad, a veces se estrella con la dureza del corazón humano, que es el tema del evangelio de hoy en Lucas capítulo 11, cuando Jesús con dolor en su corazón habla de su generación, de los contemporáneos, los coterráneos, como una generación incrédula, una generación perversa. Es que de alguna manera ellos pedían signos, milagros, grandes señales a Jesús para dar credibilidad a su Persona como Mesías, como Salvador de la humanidad. Sin embargo, Jesús, mirando las Escrituras y con un conocimiento profundo del Viejo o Antiguo Testamento, les dirá: “Si los habitantes de la gran ciudad de Nínive, 120.000 personas se convirtieron con la predicación del profeta Jonás y si la reina del sur, (probablemente un reino en África) se convirtió viendo la sabiduría y la riqueza del rey Salomón en Israel. ¿Cómo ustedes van a pedir signos, sabiendo que Jesús afirmará de sí mismo que en su vida, en su Persona, en su mensaje, en su anuncio, Él es mucho más grande que Jonás como signo para los ninivitas, o que Salomón como signo de sabiduría para la reina del sur?” Hoy te pregunto ¿cómo está tu fe en Jesús? ¿Piensas como lo dicen algunos canales de televisión que se dan, se precian o presumen de pseudocientíficos que reescriben la historia y presentan a Jesús como un gran profeta al nivel de muchos otros hombres, pero no lo reconocen como el verdadero Dios hecho carne, hecho humanidad? ¿Cómo está tu fe te vuelvo a preguntar? Hoy te diré, que la fe de un verdadero creyente es aquella que reconoce en Jesús al hombre más grande entre todos los hombres. Un profeta, pero más grande que todos los profetas. Un Mesías único que está por encima de todos los reyes. Un rabino que está por encima de todos los rabinos y maestros de la ley. Hoy abrirnos al don de Dios es una tarea de cada día y reconocer en la Persona de Jesús, en el mensaje de Jesús, en las palabras de Jesús, en las actitudes de Jesús, en la forma de sentir de Jesús, en la vida de Jesús, pero, sobre todo, sobre todo en la Pascua de Jesús, entendida como su Pasión, Muerte y tránsito hacia la vida eterna por la Resurrección. Entender en la Pascua de Jesús, un hombre único que ha pisado la faz de esta tierra, que existió hace 2000 años en el mundo del Medio Oriente, concretamente en la Judea y la Galilea del siglo primero, y que, por su mensaje, por sus palabras, por sus milagros, por sus curaciones, por sus exorcismos y liberaciones del mal. Pero repito, sobre todo por su Pascua, su entrega en la Cruz, atando el pecado de toda la humanidad a la cruz y haciéndolo impotente y por su Resurrección, abriéndonos a la vida eterna y definitiva a toda la humanidad creyente. En este hombre encontramos una sabiduría, un poder y una luz que acaso en nadie más podamos encontrar. Que Jesús no diga de los hombres y mujeres del siglo XXI, como dijo de los hombres de su tiempo: “Generación incrédula, generación perversa que piden permanentemente señales, signos, milagros, prodigios, para poder creer”. Que el racionalismo, que la superficialidad en la que vivimos, que el materialismo exacerbado que nos ha llevado a una cultura del vacío y de la crisis de sentido de vida, no nos roben lo más grande que no puede perder ningún hombre, saber que fuimos creados para la eternidad, que de Dios venimos a Dios volveremos y que, si con la muerte acaba nuestra vida, porque nunca nos abrimos a Cristo por la fe, la esperanza y el amor. Seremos, como dice Pablo: “Los hombres más desgraciados, miserables y tristes de esta tierra”. Pablo lo afirmará: “Si Cristo no hubiera Resucitado”. Y hoy muchos tienen una fe tan corta que no creen en la Resurrección de Cristo. “Nuestra vida es miserable, nuestra vida es mezquina, nuestra vida no valió la pena de ser vivida. Pero, por el contrario, si tenemos una fe luminosa, una fe sólida, madura, en que Cristo murió por nosotros para perdonar nuestras faltas, pero ha Resucitado venciendo el mal, el sufrimiento y la misma muerte que nos ha aterrado siempre, tenemos que llenarnos de alegría, de esperanza, de paz, de una profunda libertad interior. Y sabremos entonces que la vida, la vida ha valido la pena”. Que seamos Señor, una generación creyente que dejando a un lado tanta soberbia, tanto materialismo de la vida, tanta bobaliconería siguiendo en redes sociales insulsos hombres que se las dan de interesantes. Que nosotros aprendamos a entender que solo en Cristo, en su vida y en su Pascua encontramos salvación, verdad, plenitud, vida eterna. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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