¡Estamos tan ocupados y entretenidos!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 14, 15-24
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Rm 12, 5-16a: Cada miembro está al servicio de los otros miembros.
Hermanos: Nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros. Los dones que poseemos son diferentes, según la gracia que se nos ha dado, y se han de ejercer así: si es la profecía, teniendo en cuenta a los creyentes; si es el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a enseñar; el que exhorta, a exhortar; el que se encarga de la distribución, hágalo con generosidad; el que preside, con empeño; el que reparte la limosna, con agrado. Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor, Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 131(130), 1.2.3
Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor.
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad.
Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor.
Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 14, 15-24: Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús:
-«¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»
Jesús le contestó:
-«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: «Venid, que ya está preparado.» Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: «He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. » Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.» Otro dijo: «Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.» El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: «Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.» El criado dijo: «Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.» Entonces el amo le dijo: «Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.» Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Estamos tan ocupados y entretenidos!
La preciosa primera Carta tomada de Pablo a los Romanos en el capítulo 12, nos muestra la metáfora eterna del apóstol sobre el Cuerpo Místico de Cristo, citada en varias de sus cartas, y que nos ayuda a comprender el misterio de la Iglesia y cómo el aspecto de la unidad en la Iglesia está correlacionado profundamente con la diversidad de carismas y servicios, precisamente en orden a esa unidad.
Unos tendrán el don de profecía, otros el don de servicio, otros el don de la enseñanza, de exhortar, de distribuir los bienes, de presidir en la celebración, de hacer obras de misericordia, y todo esto por la fuerza del amor. Y es aquí que en esta primera lectura viene una expresión maravillosa del apóstol Pablo cuando afirma: “Que el amor entre ustedes no sea fingido; aborrezcan lo malo y busquen el bien que hay en cada uno”. Y ratificará: “Ámense con el corazón unos a otros y cada cual estime al otro más que a sí mismo”.
En el fondo, es la certeza de que el amor es la impronta, el distintivo del cristiano. Recordando el apotegma de Jesús, el gran mandato que ha legado universalmente a la humanidad: “Les doy un mandamiento nuevo que se amen los unos a los otros”.
Luego continuará esta primera Carta de Pablo a los Romanos hablando de “cómo la esperanza en Cristo nos tiene que mantener alegres en la hora presente, firmes en las tribulaciones que se puedan presentar en la vida, en las pruebas. Asiduos y constantes en la oración, compartiendo de nuestro pan con las necesidades de los cristianos y practicando la acogida y la hospitalidad con los demás”.
Y concluirá Pablo, ratificando “que el amor no es verdadero sino sólo cuando somos capaces de amar aún a aquellos que no han hecho méritos para que los amemos, que nos cuesta quererlos porque nos han lastimado, nos han herido”. Y dirá el apóstol de los gentiles: “Bendigan a los que los persiguen, si bendíganlos nunca los maldigan. Alégrense con los que están alegres, lloren y compartan el sufrimiento con los que lloran. Tengan la misma consideración unos con otros sin pretensiones de grandeza, y no se tengan por sabios, que ahí es donde empieza la necedad humana”.
Con razón, el salmo litúrgico de este día nos invita a cantar: “Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor”. Y en espíritu orante repetir en sus estrofas: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros. No pretendo grandezas que superan mi capacidad, sino que acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre, como un niño saciado así está mi alma dentro de mí”.
Pero pasemos al evangelio de san Lucas cuando Jesús, reunido con algunos comensales, le dice a uno de ellos: “Bienaventurado el que, coma en el Reino de los Cielos”.
Y Jesús le presenta la imagen de un gran banquete donde se invita a mucha gente para que participen de la comida, de la fiesta, de la alegría, de la celebración propia de los banquetes. Pero todos se van excusando uno a otro, y Jesús reiteradamente vuelve a invitar, ya no a los importantes, sino a los simples, los pobres, los tullidos, los enfermos, los que no cuentan para el mundo. Y finalmente hará una advertencia: “Aquellos primeros que despreciaron la invitación al Reino de los Cielos, ya no podrán nunca probar las delicias del banquete con Dios”.
De este evangelio saquemos enseñanzas para nuestra vida.
La primera, todos somos invitados al banquete y a la fiesta de la vida, al banquete y a la fiesta del Reino de los Cielos, nunca lo olvides. De alguna forma, Jesús constituye la última y definitiva invitación de Dios a la humanidad, a una nueva forma de vivir aquí en el mundo y a una manera plena de vivir en la vida eterna, más allá de la muerte.
Pero hay una segunda enseñanza, nosotros, tú y yo, muchas veces ocupados en los asuntos del mundo ignoramos a Dios, nos olvidamos de Dios. De hecho, las excusas abundan en la invitación que se hace al gran banquete del Reino cuando dice uno: “He comprado un campo, una finca y necesito ir a verla; he comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos qué tan fuertes son”. Otro “me acabo de casar y entenderás que no puedo ir a tu banquete”.
En el fondo son todas escenas de la cotidianidad humana, de la vida de familia, de los negocios del mundo que ayer y hoy, hace 2000 años y en el siglo XXI, nos siguen ocupando y preocupando a los seres humanos y nos llevan a olvidarnos de lo más importante la vida eterna con Dios.
Hoy pregúntate que yo lo hago y me interrogo a mí mismo ¿cuántas veces por atender asuntos temporales he dejado la vida de oración?, ¿he dejado un estudio más profundo de la Palabra de Dios?, ¿he puesto intereses materiales por encima del servicio amoroso a los demás?
¿Cuántos de nosotros, tal vez hemos aplazado un retiro espiritual, celebrar la Eucaristía diaria, o por lo menos con alguna frecuencia, porque decimos no tener tiempo?, ¿estar ocupados y olvidar, ignorar a Dios que nos da el tiempo, la salud, la vida, la familia, la fe y todos los dones y talentos de los que hemos hecho uso en nuestra existencia? Es la realidad humana.
En nuestro mundo de tecnologías, cada vez escucho más que aún dentro de miembros consagrados en la Iglesia, se ora menos por atender los mensajes en el WhatsApp, por mirar chismes de farándula en el Instagram, por seguir la vida de los amigos en el Facebook, por entretenernos en el TikTok. Y en el fondo, nos volvemos personas superficiales y frívolas. Y el llamado de Dios a crecer humana y espiritualmente lo hacemos a un lado, porque tan distraídos, tan entretenidos, tan dispersos en las cosas y asuntos del mundo, y más en esta cultura tecnológica de las redes sociales que parecen antisociales, porque nos encierran frente a la pantalla de un teléfono o de una tableta o de un computador. Y nos olvidamos de la familia y de los demás.
Pero también aprendamos una tercera enseñanza y digamos, Dios no se cansa de llamar, Dios no se cansa de insistir, Dios no se cansa de buscarnos y curiosamente llama a aquellos pequeños, los importantes han desatendido la invitación al Reino de los Cielos. Y ahora son invitados aquellos que tal vez los hombres han considerado indignos, que son despreciados humanamente, y que tal vez han sido excluidos por lo menos del banquete de esta vida terrenal. Son los pobres, los viejos, los enfermos, los desheredados de esta tierra. A éstos llama el rey, a éstos convoca al banquete.
Hoy, si tú no haces caso, que fuiste un invitado preferente de primera línea, tal vez otros más humildes de corazón, menos ocupados y preocupados en los negocios en la empresa que tienes, en el mundo productivo tal vez atenderán esta invitación. Y de hecho, nos dice “que han llegado a la sala de banquetes, pero en aquel espacio, en un tercer momento ya no a los importantes, ni a los despreciados, volverá a decir el Señor a los criados, entiéndase a los profetas, salgan por los caminos y senderos e insistan, insistan hasta que entren a la sala, al salón de banquetes, y se llene la casa”.
¿Cuántas veces Dios ha llamado a la puerta de tu corazón?, ¿cuántas veces en personas y rostros concretos, en pruebas a veces adversas y de sufrimientos, en la muerte de un ser querido Dios te ha invitado a renovar tu existencia y tal vez le has dicho, yo sí te voy a buscar, pero en la vejez?, ¿yo te buscaré mañana para lo mismo responder mañana?
En una cuarta enseñanza y final, encontramos una seria advertencia que debemos de tomarla en serio cuando dice Jesús: “Les digo que ninguno de aquellos convidados iniciales probará de mi banquete en el Reino de los Cielos”. El Señor nos invita, Él no nos excluye. Somos nosotros los que nos autoexcluimos, nos automarginamos, porque no hay arrepentimiento, porque no hay conversión, porque no hay tiempo para Dios, porque no hay obras de amor, porque el mundo y sus llamados deleites, placeres y fascinaciones nos han seducido y atrapado de tal manera que estamos como ciegos, sordos, endurecidos en el corazón para recibir la oferta de la vida de alegría, de la vida de paz, de la vida abundante, de la vida de fiesta que es propia de un banquete. Y el banquete es imagen del Reino de los Cielos.
Señor, gracias por esta palabra; hoy cuestionas mi vida, hoy me dices que me tome en serio este evangelio. Hoy me adviertes que, si sigo ignorando tus llamados y dando la espalda a tu amor, a tu insistencia, si sigo olvidándome de Ti, al final de la vida cuando quiera recapacitar, tal vez será demasiado tarde y ocurrirá que la vida tal vez ya no la tengo para convertir mi corazón y buscar la entrada al Reino de los Cielos.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.