¡Eres templo de Espíritu Santo!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 2, 13-22 Lectura del día de Hoy: Primera lectura: Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12 En aquellos tiempos, un hombre me llevó a la entrada del templo. Por debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el templo miraba hacia el oriente, y el agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar. Luego me hizo salir por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el pórtico que mira hacia el oriente, y el agua corría por el lado derecho. Aquel hombre me dijo: «Estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán. Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá; habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por dondequiera que el torrente pase, prosperará la vida. En ambas márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie, de follaje perenne e inagotables frutos. Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas, de medicina». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy; Salmo 46(45), 2-3.5-6.8-9 (R. 5) El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra: pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Segunda Lectura: 1Co 3, 9c-11.16-17: Hermanos: Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 2, 13-22: Hablaba del templo de su cuerpo. Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Eres templo de Espíritu Santo! En este día en que celebramos también con el carácter de fiesta litúrgica, la Dedicación de la Basílica de Letrán, casa oficial de los Papas, Basílica dedicada a Cristo Salvador y a Juan el Bautista. Recordemos la importancia del templo para el mundo judío. El templo de Jerusalén, el templo de Herodes el Grande era la gloria máxima del judaísmo, era el centro de la unidad del pueblo judío y era el lugar o casa de Dios desde donde los ritos y sacrificios que hacían los judíos se alababa y se honraba a Dios. El evangelio de este día, tomado de san Juan en el capítulo 2, nos muestra cómo se acercaba la Pascua de los judíos, la fiesta más importante para ellos, que conmemoraba la liberación del pueblo hebreo de más de 400 años de esclavitud, oprobio y humillaciones a manos de uno de los grandes imperios en el mundo antiguo, el imperio egipcio. Jesús entrando en el templo y viendo los vendedores de animales que se ofrecían para el sacrificio, y a los cambistas de moneda extranjera por moneda local para hacer las compras respectivas. Nos dice “que haciendo un azote de cuerdas, los expulsó a todos del templo, incluyendo ovejas y bueyes, y aquellos que tendían mesas con monedas para el cambio. Tumbó las mesas, esparció las monedas”; y les decía, “quiten todo esto de aquí, no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. Reconocemos la profunda fidelidad y el gran celo que tenía Jesús por la casa del Padre Dios. Y aunque algunos judíos se atrevieron a cuestionar este acto con autoridad de Jesús, Él les dirá cuando le preguntan ¿qué signo nos muestras para obrar así? Les dirá: “Destruyan este templo y lo levantaré en tres días”. Ellos se escandalizan pensando que durante 46 años, desde años atrás, habían construido el templo y ¿en sólo tres días lo puede levantar? Pero nos dirá el evangelista Juan de manera figurada, “que Jesús hablaba del templo de su propio cuerpo y su Resurrección al tercer día”. De este episodio de la expulsión de los mercaderes del templo, que es la única acción violenta de Jesús documentada por los evangelios, podemos aprender cuatro grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, en el mundo de hoy no convirtamos el templo, ni la fe cristiana en un mercado o en objeto de comercio. Tendremos que decir que hay personas desafortunadamente, ministros dentro de la Iglesia que comercian con lo sagrado más allá de precios para la natural manutención de los ministros. Olvidan la gratuidad de la vida divina que ella comunica. El estipendio, sí; el abuso de un estipendio no, tratándose de misas exequiales, matrimoniales y demás. No podemos tampoco reducir la fe a un comercio de imágenes religiosas de temporada. No podemos simplemente buscar la añadidura y no el Reino de Dios que el orden es al contrario. ¡Busca primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura! Pero podemos también sobre esta primera enseñanza de no convertir la fe cristiana en un comercio, ni el templo de Dios en un mercado. No volvamos la relación con Dios en nuestra oración personal un doy para que me des: cumplo una promesa, hago una donación para alcanzar un determinado favor o bendición divinas. La lógica de Dios no la podemos entender sino desde la gratuidad. Y cuando Él ve en nuestro corazón limpieza, sinceridad y amor verdadero, Él gratuita y generosamente nos va a bendecir en nuestra vida. Dios, que nos sondea, nos conoce más profundamente que nosotros mismos, entenderá cuando lo buscamos de manera interesada, conveniente. Y mercadeamos la fe y le decimos hago este donativo, apoyo esta obra social, doy este diezmo; pero necesito que me ayudes en este negocio, que saque adelante esta empresa, que me bendigas en esta situación particular. Finalmente, sobre esa primera enseñanza, a veces somos muy dados a pedir la intercesión, permítanme la expresión “del santo de moda, del santo más taquillero”, olvidando que no se trata de nadie más que Jesucristo, que es el gran Mediador entre el Padre Dios y nosotros. En Jesucristo y por la intercesión de la Santísima Virgen María alcanzaremos toda bendición de Dios. Pero a veces queremos comerciar la fe acudiendo, lo repito, a aquel que llamamos el santo más milagroso, el santo más taquillero, el santo de moda. No es esa una fe madura, no es esa una fe que entienda el valor del amor de Dios, que es totalmente gratuito y generoso, y que no se puede comprar con favores o con algunas intercesiones cuando nos conviene, mirando al santo como un fetiche o un amuleto en nuestra vida. Pero hay una segunda enseñanza en las lecturas de hoy, y es descubrir “como el celo por la casa de Dios devora a Jesús”. Y nos preguntamos hoy, 2000 años después, ¿sentimos celo, experimentamos amor y compromiso por nuestra fe, por Dios, por la Iglesia, por los ministros de la Iglesia? O ¿somos indiferentes cuando buenos sacerdotes han caído en la jauría de lobos feroces que quieren demeritarlos, dañar la fe de la Iglesia, robar nuestra pertenencia a Cristo a partir de calumnias, persecuciones, daño moral? O ¿en el mundo de Oriente Medio a través del daño y el baño de sangre? Hoy vemos como hay noticias sobre las guerras, como hay cruzadas mundiales y están muy bien a favor de los habitantes de Gaza. Pero me pregunto cuando hace pocos meses murieron más de 200 cristianos en Nigeria masacrados en una ceremonia religiosa por una mayoría radical musulmana, no hubo sino el silencio de la gran prensa generalista, porque parece que los muertos cristianos fueran muertos de segunda categoría. Si tú y yo nos sentimos católicos cristianos de verdad, que nos duela, que nos importe nuestra fe, que nos enteremos de lo que acontece en nuestra Iglesia, que no seamos indiferentes y no establezcamos valores, valoraciones de personas o acontecimientos según nos determine la llamada prensa generalista que nos dice qué nos debe indignar y qué tiene que pasar desapercibido con indiferencia ante nosotros. Toda vida es sagrada y la de un creyente que es una persona que aspira a una vida de perfección, es una vida frente a su martirio, que debe ser destacada y no ignorada por la prensa y por los poderes del mundo. Hoy, reconozcamos que estamos llamados a amar la Iglesia, que no son solamente el Papa, los obispos, los sacerdotes, las religiosas, sino todos nosotros, los bautizados. Somos el cuerpo vivo de Cristo. En una tercera enseñanza de cuatro. Aprendamos que Jesús es el verdadero templo de Dios, que estamos ante un gran reemplazamiento el templo material, el de Jerusalén, por el templo de Cristo que vive en cada uno de nosotros, en la humanidad entera, y que nos invita a alabarlo y a adorarlo en espíritu y en verdad. Que pasemos del rito y del holocausto y del sacrificio de animales, corderos, cabras, bueyes, palomas. Pasemos al nuevo encuentro del Templo Nuevo que es Jesús, donde allí se encuentra el hombre con Dios. Hoy reconoce también la verdad de esta segunda lectura de Pablo a los Corintios, cuando afirma de manera lucida el apóstol: “Ustedes son el edificio de Dios”. Y pregunta con inquietud a los oyentes ¿no saben que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Y lanzará esta advertencia: “Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y ese templo son ustedes”. Y es aquí que viene la cuarta enseñanza. Tú y yo somos templo de Dios, somos casa y morada del Espíritu Divino. Lo recuerda el evangelio de hoy en la Persona de Jesús y lo recuerda esta segunda lectura de la primera Carta de Pablo a los Corintios en el capítulo 3, versículo 16. Hoy pregúntate ¿sí cuidas tu cuerpo?, ¿si no lo intoxicas con drogas alucinógenas?, ¿si no lo expones a una sexualidad animalizada?, ¿si no permites que entre a él todo tipo de pasiones exacerbadas? Hoy cuánta cosificación del cuerpo humano, en el llamado mundo de la pornografía, cuántas personas comercian, venden la intimidad, la sacralidad, el respeto por su cuerpo a través de imágenes grabadas en teléfonos celulares, en relaciones de pareja, para luego mirarlas buscando excitaciones recíprocas y cambiando el sentido de una sexualidad humana de donación y de respeto, por una sexualidad animalizada simplemente de lujuria y de desbordamiento hasta el extremo del límite máximo de placer que podamos experimentar. Qué no decir cuando hoy se ha animalizado el hombre y se ha humanizado al animal. Quién no ha experimentado que muchos seres humanos normalmente migrantes, pobres, los llamados habitantes de calle o en situación de calle, los animalizamos, los ignoramos, los despreciamos y cada vez, en las góndolas y en los espacios comerciales de los grandes supermercados hay más productos para las mascotas, hay clínicas psicológicas para las mascotas, hay EPS (que lo entendemos muy bien en nuestro país, Colombia, para las mascotas), hay centros médicos para las mascotas, hay funerarias para las mascotas. Y como el orden de la creación, cuando el hombre es la criatura más perfecta creada por Dios con la dignidad altísima de hijo de Dios, pasa a un segundo plano y humanizamos y casi que endiosamos nuestras mascotas. Ese hermano tuyo, es templo de Dios. Ese migrante, ese pobre que vive en la calle, más allá de su pelo andrajoso, de su ropa harapienta, es imagen de Dios y tiene la dignidad de Dios. Respétalo a él, valóralo a él y respeta también tu cuerpo personal. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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