¡Tres niveles de conversión!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 19, 1-10
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: del segundo libro de los Macabeos 6, 18-31
En aquellos días, Eleazar era uno de los principales maestros de la ley, hombre de edad avanzada y semblante muy digno.
Le abrían la boca a la fuerza, para que comiera carne de cerdo.
Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida.
Algunos de los encargados, viejos amigos de Eleazar, movidos por una compasión legítima, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración.
Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo digna de la ley santa dada por Dios, respondió sin cortarse, diciendo en seguida:
- ¡Enviadme al sepulcro!
No es digno de mí edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado, y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar una muerte noble y voluntaria, por amor a nuestra santa y venerable ley.
Dicho esto, se fue enseguida al suplicio.
Los que le llevaban, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola de poco antes. Pero él, a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros:
-Bien sabe el Señor, dueño de la ciencia santa, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él.
De esta manera terminó su vida, dejando no sólo a los jóvenes, sino también a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Sal 3, 2-3.4-5.6-7 (R. 6b)
El Señor me sostiene.
Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra mí;
cuántos dicen de mí:
«Ya no le protege Dios.»
El Señor me sostiene.
Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
Tú mantienes alta mi cabeza.
Si grito invocando al Señor,
Él me escucha desde su monte santo.
El Señor me sostiene.
Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi alrededor.
El Señor me sostiene.
Evangelio de Hoy:
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: -Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.
Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo: -Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: -Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
Jesús le contestó: -Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Tres niveles de Conversión!
La primera lectura tomada del Libro segundo de los Macabeos nos muestra como prosiguen las persecuciones sangrientas contra aquellos judíos que se empeñan en ser fieles a la ley de Dios. En efecto, el autor del Libro de los Macabeos nos refiere algunos acontecimientos que manifiestan esta heroica resistencia frente a los males y los poderes destructivos de esta tierra. Y concretamente en este capítulo 6 se nos habla de Eleazar, “que prefirió morir antes que comer la carne de animal impuro, proscrita o prohibida por la ley”, según nos dice el Libro del Levítico, capítulo 11, versículo 7.
La inmolación de Eleazar será un ejemplo que quedará como recuerdo imborrable en la historia del pueblo judío y su deseo de dar ejemplo a los jóvenes de Israel, queda plenamente satisfecho.
De hecho, este ofrecimiento de Eleazar fue tan impresionante que, para el gran traductor de la Biblia, san Jerónimo le llevará a llamar a Eleazar, el gran protomártir, primer mártir del Antiguo Testamento. Y resalta en el texto “la actitud gozosa de Eleazar en medio del martirio”, que en el fondo nos está mostrando como el anuncio profético de la alegría que vivirá Cristo antes de ser sacrificado en la cruz, y la alegría que anuncia a sus seguidores cuando son o somos perseguidos por el nombre de Jesús.
Hoy sintamos ese gozo en el alma y recordemos la famosa bienaventuranza: “Dichosos los perseguidos por mi nombre; alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el Reino de los cielos”.
Pero pasemos al salmo responsorial de hoy, cuando de alguna manera, siguiendo el ejemplo del noble y fiel Eleazar, nos trae un cántico de alabanza en este Salmo 3, un cántico lleno de confianza, en donde con seguridad esperamos el auxilio divino más allá de las intrigas y las burlas de los enemigos: “El Señor Dios es escudo, es roca y es sustento para el hombre que se fía de Él”.
Con razón decimos: “El Señor me sostiene”. Y afirmará en sus estrofas: “Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí, cuántos dicen de mí ya no lo protege Dios. Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria; Tú mantienes alta mi cabeza. Si grito invocando al Señor, Él me escucha desde su monte santo. Puedo acostarme y dormir y despertar. El Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor”.
Pero pasemos al evangelio de Lucas, que nos muestra de manera impresionante una de las conversiones más grandes que conocemos en todo el Nuevo Testamento. Hablamos en este capítulo 19 de Zaqueo, cuando Jesús, levantando la mirada, le dice a este cobrador de impuestos: “Baja del árbol de sicómoro y date prisa, porque es necesario que hoy me aloje en tu casa”.
Los fariseos que observaban la escena se quedan aterrados porque este hombrecillo, (según nos dice Lucas), bajo de estatura, y que se había subido al árbol de sicómoro para ver el paso de Jesús. Ahora Él quiere entrar a la casa de un pecador, y es lo que murmuran precisamente los que se sienten buenos y dueños de la ley.
Pero Zaqueo le dirá a Jesús: “La mitad de mis bienes la doy a los pobres, y si he defraudado, he robado a alguno, le restituiré cuatro veces más lo que le he quitado”. Jesús ve la impresionante fuerza que hay en el corazón de Zaqueo y reconoce que es un hombre nuevo, que es un hombre distinto, que es un hombre renovado por la acción del Espíritu Santo.
Aprendamos de este publicano muy rico en bienes materiales y también en principio, muy apegado a ellos, cómo busca afanosamente a Jesús y con una generosidad que ya quisiéramos ver en muchas personas, muestra su gran conversión o cambio interior. Distingamos a propósito de este evangelio de la renovación en la vida de Zaqueo. Distingamos tres niveles de conversión a Cristo en la vida de cada uno de nosotros.
La primera conversión se da, en la forma en que pensamos y queremos reorientar nuestra vida, porque el ser humano es una persona lógica y no quiere tener actitudes o comportamientos irracionales o ilógicos. De manera que lo primero que hacemos a la manera del hijo menor en la parábola del Padre Misericordioso, es que cuando cuidaba cerdos, reflexiona, medita, recapacita y piensa, “todo lo tenía en la casa de mi padre y ahora soy humillado cuidando estos animales impuros”. Y es la primera conversión cuando uno piensa ¿qué he hecho con mi vida? Cuánto sufrimiento he causado a mi propia existencia y a la vida de mi familia, de mis seres queridos.
Es como una luz interior que llega como una gracia única de Dios y que te lleva a decir, en una circunstancia muy particular, normalmente una adversidad o un desencanto de la falsa fascinación del mundo y lo mundano que lleva a una persona a esa conversión, metanoia. Como dirá san Pablo: “Cambia tu manera de pensar, para cambiar tu manera de vivir”.
Hoy te invito en el final de este año litúrgico. Reflexiona ¿qué has hecho con tu vida?, ¿qué has hecho con tu hogar, tu familia? ¿Has vivido de manera sabia?, o ¿has vivido la vida loca y mundana?
Pero viene un segundo nivel de conversión mucho más profundo y es la conversión en el corazón. Cuando se siente un dolor grande, un arrepentimiento sincero y ya no nos quedamos simplemente en lo que pensamos, sino en lo que sentimos, no en el mundo de los recuerdos, la imaginación, los pensamientos, sino en el mundo de las emociones, los sentimientos y un deseo muy grande por recuperar el tiempo perdido. Un dolor muy grande por el sufrimiento a seres queridos. Un dolor también muy grande porque hemos dañado nuestra vida, hemos desperdiciado y dilapidado años preciosos de nuestra existencia, sobre todo años de juventud donde teníamos la salud y el vigor a flor de piel.
¿Acaso no has sentido esto en tu vida?, ¿que ya no solamente piensas que tienes que cambiar tu existencia, sino que asumes o mejor experimentas en tu corazón que no puedes seguir viviendo como lo has hecho hasta ahora? ¿Que tienes que replantear tus relaciones, que no puedes seguirte haciendo daño a ti, ni a los demás y que sientes sobre todo un sano dolor interior porque dices he malgastado miserablemente mi vida?
Pero luego de pensar en el nivel superficial, de ahondar en el corazón y arrepentirnos por el mal que hemos hecho a nuestra vida o a la vida de los demás. Viene un tercer nivel de conversión, y es la conversión a Cristo en la libertad frente apegos afectivos a personas, apegos egoicos al propio ego, a la propia imagen, y apegos materiales. Cuando sentimos que todo en el mundo son realidades que van y vienen, pasajeras que pasan y que en el fondo hemos colocado todos nuestros esfuerzos, toda nuestra inteligencia, toda nuestra energía en conseguir para nuestra imagen, en conseguir apoyos humanos, afectivos, en conseguir riqueza y patrimonio material. Y al final decimos de esto no queda nada.
Recordarás que hay alguien en el evangelio que no alcanzó este nivel más profundo de conversión y fue el joven rico que, aunque era un muchacho bueno, cumplía los mandamientos y quiere ganar la vida eterna. Jesús le pide: “Ve y vende todos los bienes, y el patrimonio que tienes regálalo a los pobres y sígueme”.
Pero la respuesta del joven rico, según nos dice el evangelio, es que, aunque amaba a Jesús, lo admiraba, quería cambiar de vida en su pensamiento y hasta en su corazón. Cuando le tocaron el bolsillo del pantalón donde guardaría su dinero, en la bolsa del dinero, simplemente frunce el ceño, da media vuelta y se pone de espaldas a Jesús y se marcha alejándose del Maestro, del Hijo de Dios, pesaroso y triste porque estaba muy apegado a sus bienes.
Hoy te pregunto ¿tu nivel de conversión es solamente un pensamiento de que debes de cambiar tu vida?, o ¿pasa a un nivel más profundo de dolor y arrepentimiento por la forma en que has malgastado tu vida? O ¿avanza todavía a un nivel más profundo y dices, tal vez no necesito tantas cosas que he acumulado en mi vida, puedo vivir bien la existencia con pocas cosas y tal vez me he equivocado dedicando mi vida a acumular, a atesorar, a conseguir? Y seré como Zaqueo, que daré la mitad de mi patrimonio, la mitad de mi tesoro, la mitad de mi riqueza a los pobres. Y si en mi trabajo como cobrador de impuestos le he robado a alguien, le restituiré hasta cuatro veces más.
Aquí hay una conversión profunda, verdadera de Zaqueo, que es modelo universal de conversión económica para nosotros. Cuando en el mundo las guerras, las invasiones, las peleas entre los hombres se dan sobre todo por amor al dinero. Zaqueo es un modelo universal que nos muestra, sin nada de bienes llegamos al mundo el día del parto de nuestra madre, y sin ningún bien nos iremos de esta tierra, sin ninguna riqueza el día de nuestra muerte y cuando nos ingresen al horno crematorio en el cementerio.
Con razón Jesús le dice frente a la más radical de las conversiones, la del dinero, le dirá Jesús: “Ha llegado la salvación a esta casa, porque este también es hijo de Abrahán, más allá de la murmuración de los fariseos”. Y concluirá diciendo Jesús muy alegre: ¡El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido!
Que el Señor nos ayude a imitar el ejemplo de Zaqueo y nos bendiga en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.