¡Ya viene la Navidad!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 1, 67-79 Lecturas del día de Hoy: 2S 7, 1-5.8b-12. 14a.16: Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: – Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda. Natán respondió al rey: – Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo. Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor: – Ve y dile a mi siervo David: «Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo, lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mí presencia; tu trono permanecerá por siempre». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 89(88), 2-3.4-5.27y 29 (R. cf. 2a) Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.» Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 1, 67-79: En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en la sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Ya viene la Navidad! La primera lectura tomada del segundo Libro de Samuel en el capítulo 7, nos refiere lo que sucedió en los últimos años del reinado de David, cuando todo ese reino estaba consolidado y el pueblo gozaba de gran paz. David, como rey, habitaba en un espléndido palacio, pero sentía algún escrúpulo porque el Arca de la Alianza, el Arca de Dios, no tenía una casa digna donde ser albergada. David comparte esta inquietud con el profeta Natán para mirar cómo solucionar este problema. Natán, un hombre de Dios y probado en la fe, aconseja al rey David llevar a cabo su propósito de construir una casa digna para el Arca de la Alianza, donde se suponía vivía Dios. Pero luego el oráculo o la visión que tiene Natán le mostrará que no será David quien le edifique una casa a Dios, sino Dios quien edifique una casa para David y toda su descendencia. De alguna manera, este oráculo de Natán está formulado como una contraposición, esto es, frente a la generosidad del rey David. Responde Dios con su generosidad y promete levantar una casa eterna, una dinastía que no tendrá final. Y la alianza del Sinaí se volverá una alianza real, y el Mesías será descendiente del rey David y su Reino no acabará, no tendrá fin. Por su parte, el evangelio de hoy de Lucas capítulo 1 versículo 67, nos presenta a Zacarías, esposo de Isabel, cuando lleno del Espíritu Santo, profetiza la famosa oración que llamamos Benedictus en latín, porque su primera palabra es ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo! Es un cántico de acento profético que está muy bien ubicado en este 24 de diciembre, a pocas horas del nacimiento del Niño Jesús, donde Zacarías reconoce que por la entrañable misericordia de Dios nos visitará el sol que nace de lo alto para iluminar en ese Niño Redentor del pesebre a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, y para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Será también el Niño Salvador que nos libre de la mano de nuestros enemigos y de todos los que nos odian, realizando así la misericordia que también tuvo con nuestros ancestros, nuestros antepasados, los que fueron creyentes. Pero ¿al mundo de hoy, en nuestro siglo, qué significa este 24 de diciembre? Y simplemente evoco, en lo personal cuando era niño, que siempre salía en la noche del 24 de diciembre a mirar el firmamento con sus estrellas. El corazón se me llenaba de alegría, sentía que Dios vivía, que Dios hablaba en el silencio de aquella noche que me parecía mágica, llena de luceros y estrellas que titilaban en el firmamento. Hoy, ya siendo un hombre maduro y de otra manera vivo en cada 24 de diciembre, horas previas al gran día de Navidad, como Dios se acerca al hombre para que nosotros los hombres, nos acerquemos a Dios. Y hoy te invito para que más allá de la Navidad pagana, la Navidad comercial, la Navidad de exterioridades, pasemos a una Navidad cristiana, a una Navidad contemplativa, una Navidad en familia, una Navidad interior donde el corazón de cada uno de nosotros es el más hermoso pesebre, donde quiere nacer el Niñito Jesús. Hoy sólo tiene sentido una Navidad religiosa donde experimentamos el Emmanuel a Dios con nosotros, si reconocemos ese pasar de Dios Niño entre nosotros, compartiendo nuestra vida, nuestras fatigas; pero también compartiendo nuestros sueños, nuestras esperanzas en el futuro. Y te propongo para esta ¡Nochebuena, noche de paz, noche de amor!, recordando el villancico más escuchado por millones de personas y traducido a más de 300 lenguas. Te invito a algunas actitudes fundamentales. La primera, silénciate, entra en intimidad con Dios, contempla en el misterio de la noche de la creación que Dios solo se hace fuerte en el silencio. Contempla con gran serenidad interior, en esta noche de paz, la grandeza del misterio encarnado, donde sólo queda adorarlo, reconocer su gloria, su poder, su trascendencia, su omnipotencia. Recuperemos más allá de estos 24 días de diciembre, que probablemente han sido de agites, turbaciones, reuniones familiares, compromisos laborales y comerciales de final de año, compras de última hora, abundancia de comida, tal vez de licor. Recupera la capacidad de contemplar, de ver más allá de lo ordinario, la presencia extraordinaria de Dios. Hoy nuestro mundo sólo podrá ser sabio, el hombre de hoy sólo podrá ser un hombre profundo cuando por el camino del silencio y de la contemplación encontramos a Dios. Es que recuerda que contemplar viene de la lengua latina contemplum, que significa “entrar en el templo interior”. Y del atafago de compromisos, quizás muy fatigada o fatigado para este momento de diciembre te invito a que pares toda actividad y a que vivas primero de manera personal y luego invitando en comunión a los miembros de tu familia. Hagamos una oración en esta noche, abracémonos, silenciemos el ruido de la música bailable, los llamados parranderitos de final de diciembre o de final de año, y escuchemos la voz de Dios que sólo se hace escuchar la voz divina, que sólo es fuerte cuando hay silenciamiento en el corazón. Pero te invito a una segunda actitud y es la comunión, la fraternidad, el encuentro en familia. Recuerda que Jesús no nace en soledad, Jesús nace en el seno de una familia con una Madre, María y un padre adoptivo, José. De alguna manera podemos decir que el gran don de Dios después de la vida es la familia. Y es tan importante que, hasta el Niño Jesús, el Niño Salvador, quiso tener una familia. Hoy te invito para que reconozcas, redescubras, revalorices tu familia con sus cualidades y defectos, sin murmurar de nadie, aceptando que son seres humanos que como tú están en el camino y en las batallas propias de la historia. Y que, en esos hermanos tuyos, padres, hijos, familiares, familia más extendida, allí está la presencia de Dios, por eso es sacramento de Dios para ti. Como decía también en su momento el Papa Francisco, que ya gozará de la gloria de Dios: “La familia es casa de oración, donde aprendemos la fe, la Palabra del Señor. Es capilla, pero también es escuela donde nos formamos en los grandes valores de la vida. Es asilo donde acogemos a los abuelos, aprendemos de su sabiduría, los acompañamos en esa etapa final de su existencia. La familia también es hospital donde sanamos heridas, donde nos curamos de nuestras enfermedades y donde sentimos el calor de hogar. Y la familia es fábrica donde se generan, producen o fabrican seres humanos estables”. Hoy te invito para que vivas esta Navidad, no en soledad, sino en comunión, y para que aprendas a disfrutar de los tuyos. Y si tu familia está lejos, tu familia ha muerto o por alguna otra circunstancia, no estás con familia. Aprende que aquellos que amas se vuelven una segunda familia para ti. Esa comunidad parroquial, ese grupo de apostolado, ese grupo de oración pueden volverse una segunda familia para ti si tu familia de sangre ya no está en tu vida. Dios no nos quiere en soledad, nos quiere compartiendo este tiempo tan hermoso que iniciamos a la media noche en familia, en fraternidad con todos. Finalmente, en una tercera actitud, en este 24 de diciembre, te invito a volver al Espíritu de Belén, a lo esencial de la vida, al encanto de una existencia simple, básica, gratuita; a que dejemos esa vida hiperconectada digitalmente, pero que en el fondo no genera lazos ni vínculos de comunión profunda. A que dejemos esa vida estresada del consumismo, de la productividad, del trabajo, de lo efímero, donde todo se compra y se vende para encontrar lo esencial de la vida, que es el amor. Sentir la alegría de amar, pero sentir la alegría mayor de experimentarnos amados. Te invito también en ese volver al Espíritu de Belén a pasar de una adoración del propio yo, la antropolatría a la adoración del verdadero Dios, la teolatría en ese recién nacido que no nace solamente en un pesebre de porcelana, de cristal, de cartón, de plástico, de material reciclable, no; nace en el pesebre más hermoso que es tu propio corazón. Déjalo nacer, déjalo crecer, déjalo formarse en tu interior. Aprende a adorar al Niño Jesús en el pesebre de tu propia vida, en el pesebre de tu propia familia allí encontrarás que ese Niño Salvador que ha venido a dar respuestas y sentido a la vida de todos los hombres, es un Niño sabio, un Niño perfecto, un Niño que es fruto del amor de Dios para cada uno de nosotros. Concluyo esta reflexión diciendo que ese volver a lo esencial, al Espíritu de Belén, es entender que el otro, la familia, está por encima del yo egoísta. Que el amar verdadero está por encima del tener dinero que se nos volvió una idolatría. Que el cultivo del ser es más importante que el aparecer en fotos siendo esclavos del Instagram, del TikTok, publicando, subiendo y publicando fotos de lo que como o no como, de cómo me visto, de cómo sonrío, de la ropa que tengo puesta. No tiene sentido esta esclavitud del aparecer por encima de cultivar el ser. Volver a lo esencial es reconocer que hay más alegría en servir que en dominar. Que hay más gozo en la verdad, que se presenta humilde que en la mentira que se presenta de manera soberbia. Se aproxima la Navidad, llega la Nochebuena, la noche de paz, la noche de luz. Para todos y de manera anticipada: Una bendecida, bienaventurada Navidad. ¡Deja nacer al Niño Salvador en tu corazón! Que Él te bendiga abundantemente en esta Nochebuena. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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