¡Vino nuevo!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 2, 18-22
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: 1S 15,16-23:
En aquellos días, Samuel dijo a Saúl:
-Déjame que te cuente lo que el Señor me ha dicho esta noche. Contestó Saúl:
-Dímelo.
Samuel dijo:
-Aunque te creías pequeño, eres la cabeza de las tribus de Israel, porque el Señor te ha nombrado rey de Israel. El Señor te envió a esta campaña con orden de exterminar a esos pecadores amalecitas, combatiendo hasta acabar con ellos. ¿Por qué no has obedecido al Señor? ¿Por qué has echado mano a los despojos, haciendo lo que el Señor reprueba?
Saúl replicó:
-¡Pero si he obedecido al Señor! He hecho la campaña a la que me envió, he traído a Agag, rey de Amalec, y he exterminado a los amalecitas. Sí la tropa tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio, lo hizo para ofrecérselas en sacrificio al Señor tu Dios en Guilgal.
Samuel contestó:
-¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos, o quiere que obedezcan al Señor?
Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que grasa de carneros.
Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación.
Por haber rechazado al Señor, el Señor te rechaza hoy como rey.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 50 (49),8-9.16bc-17.21.23: (R. 23b)
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa
ni un cabrito de tus rebaños.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 2, 18-22:
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
-«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
Jesús les contestó:
-«¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.»
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Vino nuevo!
La preciosa primera lectura del Libro de Samuel nos llama la atención sobre la desobediencia del corazón humano al proyecto divino. Dios piensa del rey Saúl: “Me arrepiento de haber hecho rey a Saúl porque se ha apartado de mi voluntad y no ha ejecutado mis órdenes”. Y presenta la voz del profeta Samuel como enviado de Dios para hacerle caer en cuenta a Saúl de su pecado.
Y le dirá el profeta, cuestionando al rey: “Aunque tú te crees pequeño, ¿acaso no eres el jefe de las tribus de Israel?” Es que Saúl olvidó el encargo divino y obvió el mandato de Dios. Su corazón se ha llenado de poder y, por tanto, se ha desentendido de la unción que Dios le ha conferido.
Hoy pensemos cada uno de nosotros cuántas veces hemos escuchado la voz del Señor y sin embargo, aunque de momento la acogemos, pasado algún tiempo o viviendo en otras circunstancias, nos olvidamos del mandato de Dios. Él nos habla continuamente, como lo hizo con el rey Saúl, nos pide una misión concreta a ti como madre o padre de familia, como abuela, abuelo, como creyente, como participante de un grupo apostólico en la parroquia o un movimiento pastoral. Me pide a mí también una misión concreta como sacerdote, pastor de almas y misionero en el anuncio del Evangelio.
Y con frecuencia me digo a mí mismo que no me olvide del encargo de Dios por ocuparme de los encargos humanos, por hacer la voluntad personal o de los hombres, que no me olvide de Dios y de hacer su voluntad, que allí está la plenitud de la vida, el sentido de la existencia y la felicidad del hombre.
Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado del capítulo 2 de Marcos cuando algunos discípulos de Juan apoyados por los fariseos que se sentían puros y observantes de la ley, y en esa observancia de la ley ayunaban, cuestionan a los discípulos de Jesús porque ellos no ayunan. Aquí no se habla solamente de una tradición muy fuerte y muy antigua del pueblo de Israel, realizada normalmente dos veces por semana, lunes y jueves; sino que hablamos también en sentido más amplio y simbólico del ayuno, como el cumplimiento de las leyes del viejo judaísmo, leyes cargadas de moralidad, de formalismos, de exterioridad, pero vacías de fe, de compasión y de justicia.
Y nos hablará a renglón seguido cuando Jesús les dice: “Que no pueden ayunar, observar las leyes del viejo judaísmo, cuando hay la novedad del mensaje de Jesús, cuando el novio que es la Persona y la imagen de Jesús está con ellos”. Y luego colocará el ejemplo “del vestido nuevo y viejo, y del vino nuevo y el vino viejo”.
Aquí, tanto el vestido como el vino son elementos de la fiesta de bodas, que es imagen del Reino de los cielos. Se habla de lo viejo y de lo nuevo para indicar en lo viejo las estructuras religiosas judías, repetimos, cargadas de formalismos y exterioridad. Y la novedad del mensaje de Jesús, sintetizado en un amor incondicional, una compasión irrestricta frente al sufriente y una actitud de donación de la vida. Y la vida de Jesús, simbolizará la alegría en el vino nuevo y la novedad en el vestido nuevo, que es la fe en Jesús y que nos lleva a aceptar una lógica nueva en el camino de la salvación.
No podemos, lo diré en otras palabras más sencillas mezclar agua y aceite; intenta sobre un pocillo lleno de agua sacar una botella de aceite y colocarla en el pocillo con agua o en el vaso con agua. Y encontrarás que el aceite siempre quedará encima y el agua debajo, porque siendo de densidades diferentes no se pueden mezclar, no se pueden combinar agua y aceite.
Así como el agua y el aceite se excluyen, así el judaísmo y el cristianismo se excluyen hablando desde las categorías de la práctica de una verdadera espiritualidad. Porque el judaísmo apuntaba a una serie innumerable y tediosa de normas, sobre todo practicadas por vanidad humana y para ostentar pureza ritual frente a la sociedad y los hombres, actitud que rechaza y condena Jesús. Y por el contrario, el vino nuevo del Evangelio, el paño nuevo del mensaje de Jesús nos habla ya no de ritualidad, no de holocausto u ofrecimiento ritual de animales sacrificados a Dios: palomas, corderos, cabras, terneros, novillos. No se trata de eso. Se trata de vivir en la compasión, en la humildad, en la confianza en Dios, en el amor en todos sus rostros, aunque muchas veces nos cueste.
Algún autor espiritual afirma “que un hombre, que una mujer han madurado, han crecido en su fe, sólo cuando verdaderamente aprenden a vivir de forma compasiva”.
Hoy te pregunto ¿si eres una persona cumplidora de leyes rituales, religiosas, morales, desde la exterioridad?, o ¿eres por excelencia un hombre, una mujer compasivos con los defectos, los errores, las debilidades, las caídas de tu cónyuge, de tu hermana, hermano, de tu hijo, de tus cercanos? Jesús fue por excelencia y a diferencia de los judíos, de los fariseos y escribas, Jesús fue un hombre profundamente compasivo, profundamente sensible frente al sufrimiento, la injusticia, el dolor de los demás.
Hoy te invito para que sientas que por el camino de la compasión bebemos el vino nuevo del Evangelio, nos vestimos con el paño nuevo que nos presenta la lectura de hoy, tenemos el vestido de la fe, el vestido de fiesta, el vestido para la salvación.
Señor, una cosa son los hombres meramente religiosos que saben de derecho canónico, de ritualidad y liturgia, de doctrina y dogma religioso, que saben denunciar preceptos morales. Pero otra cosa es bien distinta el hombre espiritual que sabe servir, sabe ser buen samaritano para aquellos heridos. Sabe de alguna manera sacar de su tiempo, salirse de sus planes diarios para encontrarse con el otro, para ayudar al otro, para servir al otro.
Tú eliges si eres de los que viven en el mundo antiguo, los viejos paños, el viejo vino o eres de los hombres de Cristo.
Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.