¡Pidan y se les dará!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 7, 7-12 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura del libro de Ester 4, 17n. p-r. aa-bb. gg-hh En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor. Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo: «¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de Ti, Señor, porque me acecha un gran peligro. Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que Tú libras siempre a los que cumplen tu Voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de Ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él. Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 138(137), 1-2a. 2bcd-3. 7c-8 Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para Ti; me postraré hacia tu santuario. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor. Daré gracias a tu Nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 7, 7-12 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de ustedes le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden! Así, pues, todo lo que quieran que los demás hagan con ustedes, háganlo ustedes con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas». Palabra del Señor». Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Pidan y se les dará! En unas preciosas lecturas bíblicas que nos presenta la liturgia de este día, encontramos la magistral oración de la reina Ester que, frente al mortal peligro que amenazaba a su pueblo, la lleva a postrarse a Dios y a orar desde el fondo de sus entrañas, pidiendo que pueda hablar con el rey Asuero, rey de Persia, para que levante el decreto que busca destruir, acabar con el pueblo judío en medio del destierro. Hoy reconocemos que no solamente la oración por nosotros mismos, sino la oración de intercesión por terceras personas alcanza su eficacia si la hacemos con toda la fuerza de nuestro corazón. De hecho, Ester, que se sentía indefensa, clama a Dios como su único defensor, como el Señor y guía de su vida, y pide la sabiduría, poner en sus labios las palabras acertadas para poder sacar adelante a su pueblo Israel del trance del peligro de muerte en que se veía envuelto. Hoy reflexionamos a propósito de esta primera lectura, en todo el gran mensaje que nos presenta el Evangelio de san Mateo, en el capítulo 7, cuando se nos invita a creer en la eficacia de la oración y a reconocer que siempre el Señor escucha nuestra palabra y Él no falta a sus promesas. Y que, si alguna oración aparentemente no es escuchada, como decía san Agustín “se debe a que no pedimos a Dios como debemos o pedimos lo que no debemos de pedir”. Hoy escucha en tu corazón, en un primer mensaje, esa expresión de Jesús a sus discípulos: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen a la puerta y se les abrirá”. Y ratificará Jesús “Porque todo el que con fe pide, recibe, el que busca, encuentra y el que toca a la puerta se le abre”. Es una clara invitación a reconocer que en la oración encontramos el gran don de Dios a la humanidad para clamar por nuestras necesidades, por las de terceras personas, para alabar a Dios, para agradecer sus bendiciones, para reconocerlo como el Señor y Dios de nuestra vida. Pero en un segundo momento se nos invita de manera preciosa a reconocer la bondad de Dios como Padre. Y nos dirá, en efecto: “Si alguno de ustedes, como hombres, un hijo, le pide un pan, ¿acaso le dará una piedra?; o si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? (dos alimentos cotidianos en la vida de un judío pan y pescado). ¿Cómo recibir en contraprestación una piedra o una serpiente?” Y concluirá Jesús diciendo: “Si ustedes, hombres de a pie, a pesar de ser imperfectos, saben dar lo bueno a sus hijos, con cuánta mayor razón mi Padre del cielo, que es el bueno por antonomasia, el bueno por excelencia les dará lo mejor a cada uno de ustedes si lo piden sinceramente y con un corazón recto”. Hoy te invito para que sientas, uno, que a través del poder intercesor de Jesús y dos, en la confianza de que tenemos por Padre un Dios misericordioso y compasivo, que eleves tus plegarias con la total seguridad que Él dará lo mejor para tu vida. Es que he visto tantas personas que piden a Dios llenas de miedo, pletóricas de angustias, repletas de dudas. Y esa oración, per se, por sí misma, es imperfecta e incompleta, porque se nos invita a pedir, a clamar a Dios con la confianza de saber que nos dirigimos al mejor de los papás, al más bueno de los seres, al que todo lo puede y llamamos omnipotente y de Él sólo recibiremos bendiciones en nuestra vida. Si meditas detenidamente esto, te darás cuenta que no puedes manejar ansiedades, dudas, temores, angustias, porque no es propio de un verdadero creyente, hombre o mujer de fe, manejar tal tipo de sentimientos en la oración a Dios sobre todo cuando hay grandes necesidades. Terminamos nuestra reflexión mirando el párrafo final del Evangelio de hoy, donde Jesús nos da una regla de oro en la convivencia humana cuando afirmará: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes, que en esto se sintetiza el mensaje de la Ley de Moisés y de todos los profetas de La Antigua Alianza del Antiguo Testamento”. Hoy, no pidas respeto si tú primero no lo ofreces. No esperes caridad y justicia de los demás si primero no practicas esa caridad y justicia con los otros. No reclames lo que tú mismo no has dado a los demás. ¡Qué regla de oro tan maravillosa, tan llena de sabiduría! Y cómo nos muestra que si la practicáramos tendríamos matrimonios en mejor convivencia, familias con mayor unidad, ambientes laborales y de trabajo más tranquilos, menos estresantes. Es que a veces miramos a los demás de una manera, pero no queremos que ellos nos miren a nosotros de la misma manera. Señor, hoy oramos por el mundo. Hoy oramos como la reina Ester pidiendo: ¡salva a tu Iglesia, renueva la vida de los hombres y convierte en nuestro ser lo que necesita ser convertido! Que el Señor que es rico en misericordia, te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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