¡Treinta monedas de plata!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2024-04-02T00:42:53Z | |
| dc.date.available | 2024-04-02T00:42:53Z | |
| dc.date.issued | 2023-04-05 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Avanzamos en estos días santos, en los llamados evangelios de Judas, donde él es uno de los personajes centrales. Y continuamos leyendo al profeta Isaías, a través de sus sucesivos cánticos, del llamado siervo doliente de Yahhvé; hoy el capítulo 50 de Isaías, nos repite el texto del domingo de Ramos pasado y nos habla precisamente, de ese anuncio del siervo sufriente de Dios, la persona divina de Jesús, al cual Dios Padre le ha dado lengua de discípulo, para saber decir al triste y abatido una palabra de aliento, a renglón seguido afirmará, “que ofreció la espalda a los que me golpeaban, recordando los azotes que recibió previo a su camino al Calvario, las mejillas a los que le mesaban su barba, no escondió el rostro ante ultrajes y salivazos” y recordamos los escupitajos y las humillaciones de las que fue sujeto Jesús. Pero al final, el cántico tercero de Isaías, nos muestra como Jesús, en el futuro pondrá toda su fuerza y su confianza en Dios y dirá: “El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes, por eso endurecí el rostro como pedernal, como piedra, sabiendo que no quedaría defraudado, mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí?”. Hoy, en pruebas difíciles de tu vida, en humillaciones privadas o públicas, en desplantes familiares, en momentos de soledad, repite con Isaías en su tercer canto, “Dios me ayuda, por eso no siento los ultrajes, las violencias, las humillaciones”. En esta línea, clama el salmo 68 leído en la liturgia de hoy, cuando decimos: “Señor que me escuche tu gran bondad el día de tu favor, por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro; soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre, pero me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan, caen sobre mí”, y enseguida dice con dolor el salmista, “la afrenta, la humillación, el oprobio me destroza el corazón y desfallezco, espero compasión y no la hay, consoladores no los encuentro, en mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre”. Habla claramente el salmo y de manera profética, de todo el dolor, el abandono y la humillación que vivió Jesús, y misteriosamente a través de este fracaso humano, es que Jesús da liberación, sanación y redención a la humanidad entera. Pero pasemos al evangelio de hoy, donde siguiendo a Judas como personaje central durante estos días lunes, martes y miércoles santo, acuerda con los sumos sacerdotes, entregar a Jesús, decirles donde está para que lo apresen a cambio de que ellos le paguen 30 monedas de plata, (el precio por el que se vendía un esclavo en la época). Nos dirá el evangelista san Mateo, que después de ajustarse en el precio para la traición de Jesús, desde entonces andaba buscando ocasión propicia Judas, para entregar a Jesús. Por su lado avanzando el evangelista nos dice, que Jesús afirmará a los suyos, reconociendo su futuro, su cáliz de amargura el que le tocará beber, dirá: “Mi hora está cerca”; y quiere compartir ese último momento en un contexto de amistad, cercanía y fraternidad en una comida que será a la postre, la última cena de su vida y también pudiéramos decir, la primera Eucaristía de la nueva religión, del cristianismo. En el contexto de esta cena ratifica Jesús, “uno de ustedes me va a entregar” y volverá a repetir, “aquel, que ha metido conmigo la mano en la fuente del vino, ese me va a entregar”; pero afirmará como está escrito, “hay de aquel, por quien el Hijo del hombre será entregado, más le vendría a ese hombre no haber nacido”. En el fondo fueron palabras de exhortación, para que Judas a último momento se arrepintiera, pero enceguecido en su codicia de dinero, en su pasión por acumular bienes, en su ceguera para traicionar a Jesús, simplemente continúa con su plan. Luego sabemos el desenlace de Judas, que desesperado cuando ve que no simplemente querían apresar por unas horas a Jesús, sino colocarlo en situación de indefensión para hacerle un juicio, un proceso judicial sumario rápido y poderlo ejecutar prontamente, Judas se da cuenta que el mundo no paga mal, el mundo paga muy mal y que lo que él creía que era solamente la aprehensión por unas horas de su Maestro, se convierte en el final de su historia, el final de su vida, de la cual Judas ha sido un triste instrumento humano. Esto me hace pensar en cuántas personas, se acercan a uno como sacerdote y en calidad de confesión le dicen, “padre, mi vida ha sido un desastre, ahora en la vejez, en la ancianidad, siento tanto arrepentimiento por mi ceguera, por mi necedad, por el sufrimiento que causé a tantas personas, por el mal que hice y el bien que dejé de realizar, en el fondo me sentí un instrumento del mal y afecté, dañé a mi familia, y a tantas personas. Que hoy, no ocurra en tu vida, el ser como Judas engañados por satanás y estropear la misión noble, el proyecto hermoso de vida y de amor que Dios tiene sobre tu existencia, y lo desfigures haciendo simplemente el mal, o buscando tus ambiciones, buscando alcanzar tus codicias personales. Señor, hay tantos Judas modernos, hay tantos líderes que construyen el mal, que generan guerras, que siembran dolor en naciones enteras; Señor, danos luz en el corazón, danos sabiduría para vivir, que una eterna condenación no será suficiente para arrepentirnos y lamentarnos del mal que pudimos causar a otros. Que el Señor en este miércoles santo, ilumine tu vida, prepare tu alma para la Pascua, el Triduo de Pascua que iniciaremos mañana jueves santo, y te bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 26, 14-25 Lectura del día de hoy Lectura del libro de Isaías (50,4-9a): El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor Dios me abrió el oído; yo no me resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Mi defensor está cerca ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién me acusará? Que se me acerque. Miren, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará? Palabra de Dios Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 69 R/. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor. Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/. La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión, y no la hay; consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre. R/. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. Mírenlo, los humildes, y alégrense, buscad al Señor, y revivirá su corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. R/. Evangelio del día de hoy Evangelio según san Mateo 26, 14-25. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ¿Qué están dispuestos a darme, si se lo entrego a ustedes? Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata . Y desde entonces andaba buscando ocasión para entregarlo. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? Él contestó: Vayan a la ciudad, a casa de quienes ustedes saben, y díganle: el Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: en verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar. Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor? Él respondió: el que ha metido conmigo la mano en la fuente, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! más le valdría a ese hombre no haber nacido. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ¿Soy yo acaso, Maestro? Él respondió: Tú lo has dicho. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Abandono | |
| dc.subject | Cobardía | |
| dc.subject | Confianza | |
| dc.subject | Dolor | |
| dc.subject | Humanidad | |
| dc.subject | Humillaciones | |
| dc.subject | Liberación | |
| dc.subject | Misión | |
| dc.subject | Negación | |
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| dc.subject | Sanación | |
| dc.subject | Sufrimiento | |
| dc.subject | Traición | |
| dc.subject | Ultrajes | |
| dc.subject | Voluntad de Dios | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Treinta monedas de plata! | |
| dc.title.alternative | Judas vendé a Jesús |
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